Un nazi en mi portal
Pablo Simons De Aerschot muere a los 88 años en donostia sin que nadie supiera que era un belga huido de la justicia
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 11-10-2011La comunidad de vecinos de la calle Javier de Barkaiztegi de Donostia no sale de su asombro. No comprende cómo su vecino Pablo Simons De Aerschot, conocido por todos como El cónsul, pudo fallecer el pasado jueves sin que nadie supiera su secreto: que fue condenado a muerte por colaborar con el régimen nazi.
Sus vecinos de Amara lo recordaban ayer como un “anciano normal que paseaba tranquilamente con su mujer”. Lo que no sabían era que este belga, en su juventud, se había ganado el título de El gran rubio del revólver tras trabajar durante cuatro años para los nazis, colaborar con las juventudes hitlerianas del movimiento rexista de Léon Degrelle y enviar a 2.500 jóvenes a los campos de trabajo de Hitler.
Estos hechos le valieron una condena de muerte en 1946, pero De Aerschot consiguió huir. Al parecer, estuvo detenido en el campo para extranjeros de Miranda de Ebro, pero un religioso español le facilitó una identidad falsa y consiguió huir.
Los primeros años, antes de llegar a Donostia en 1964, los pasó en Bolivia, donde regentó un restaurante y siguió manteniendo contacto con los nazis. Tal y como confirmó él mismo en una entrevista concedida a un periódico de Bélgica, en esos años continuó reuniéndose en repetidas ocasiones con los criminales de guerra nazis Martin Bormann y Klaus Barbie.
Los vecinos de Amara no tenían ni idea de todos estos hechos, y menos aún de que De Aerschot fuera el último superviviente de los hombres que fueron condenados a muerte en Bélgica por colaborar con los nazis.
Ha sido ahora, tras su muerte, cuando han conocido la biografía de este anciano, que pasó la vida huyendo, hasta que en 2008 fue detenido por la Policía belga. Sin embargo, los crímenes cometidos en el régimen nazi habían prescrito en 1976, por lo que el colaborador pudo volver a Donostia, donde vivía plácidamente con su familia desde su llegada, hace 47 años.
Su secreto permaneció en silencio hasta el pasado jueves, cuando su familia comunicó su muerte a través de esquelas en la prensa. Sus allegados lo despedían en euskera y francés.
En la calle Javier de Barkaiztegi no podían creerse que su vecino belga hubiera colaborado con los nazis
Sorpresa total
“Me parece increíble”
¿Que el vecino que murió el pasado jueves era un nazi huido de Bélgica? ¡Imposible! Los vecinos de la calle Javier de Barkaiztegi no salían de su asombro. Los periodistas allí reunidos querían saber más sobre De Aerschot, pero ellos apenas sabían nada acerca de su vida. “Vivía con su mujer y hacían una vida de lo más normal: paseaban, iban a la compra y acudían a las reuniones vecinales”, aseguraba un vecino al que le costaba asociar el apodo de El gran rubio del revolver con su vecino de 88 años.
Ni en el bar más próximo a su portal ni en el centro de podología de debajo de su casa lo conocían. Al parecer, De Aerschot no frecuentaba demasiado estos locales.
La noticia de que un histórico colaborador nazi había muerto en Amara, después de vivir cuatro décadas con una identidad secreta, se expandió rápidamente entre los vecinos y los trabajadores de la zona. A algunos les costaba creerse la información, mientras que otros intentaban recordar quién era el misterioso hombre. “Llevo seis meses viviendo en su portal y no lo he visto en mi vida”, aseguraba un joven.
Los más veteranos lo reconocían, pero les costaba creer que ese abuelo había delatado a 2.500 chicos que se negaron a colaborar con los nazis. Y más aún que fue el causante de la muerte de veinte de ellos, todos ellos ejecutados en los campos de trabajo.
De Aerschot consiguió su objetivo. Huyó de Bélgica, logró evadir su condena a muerte y vivió plácidamente con su familia, alejado de quienes intentaban dar caza a los viejos criminales de guerra.
Cuando el colaborador de Hitler pudo ser atrapado en 2008, era un anciano de 85 años y los crímenes por los que lo acusaban habían prescrito 32 años atrás. Por lo tanto, pudo volver a Donostia y disfrutar de sus últimos tres años de vida siendo un total desconocido. “Todos sabíamos que era extranjero, pero jamás pensamos que fuera un nazi”, reconocían ayer sus vecinos, todavía sorprendidos por la noticia.
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