Así suena el 'orgullo' latino

El Mundo, CARLOS MORAL , 10-10-2011

Si la participación en la marcha de clausura del festival VivAmérica sirviera para medir la implicación de la comunidad latinoamericana en la sociedad madrileña, la conclusión que podría sacarse de la última edición celebrada ayer por la tarde es que dicha implicación ha descendido en el último año.

El número de asistentes al colorista desfile disminuyó respecto a las cuatro ediciones anteriores, pero ello no deslució en absoluto el carácter festivo del acontecimiento que volvió a servir para celebrar la diversidad cultural iberoamericana.

A las 18.00 horas arrancó la marcha en la glorieta de Carlos V con la carroza del músico guatemalteco Meneo en cabeza. Su propuesta de la cumbia al tecno por la vía del rock fue la encargada de ir abriendo camino en el terreno sonoro, generando sonidos de vídeojuego con una GameBoy para ritmos calientes.

Detrás iban las representaciones de los 12 países participantes en la marcha, empezando por Brasil con pelucas afro, ecos de samba y tambores ensordecedores. Destacaba en esta edición un marcado carácter africano, coincidiendo con el Año Internacional de los Afrodescendientes y se percibía en los blocos Afro de Salvador de Bahía.

También los caporales de Bolivia comparten esas raíces africanas y precisamente la boliviana era la siguiente delegación en desfilar. Tras su bandera roja, amarilla y verde lucía enormes coronas de plumas, trajes regionales rojos y blancos, dragones azules, cascabeles en los pantalones y faldas cortas. Al paso de la representación boliviana, una familia de aquel país no pudo reprimir la emoción y comenzó a gritar «¡Arriba Bolivia!». «Son muchos sentimientos concentrados en este momento», explicaba el padre de familia ante la atenta mirada de sus tres hijos. «Quiero que ellos mantengan viva el alma boliviana, aunque estemos lejos de nuestra patria». A poca distancia, otra familia, en este caso noruega, que casualmente pasaba unas vacaciones en la capital y se encontró con la marcha de manera fortuita, no acababa de entender bien en qué consistía pero se dejaba llevar por el ritmo y el color.

Colombia aportó la delegación más numerosa. Sus componentes femeninas bailaban con faldas de enorme vuelo, acompañadas por dos Reinas 2012 (según rezaba la banda que lucían). También pudieron verse ponchos y arcos de flores que se movían al ritmo de la música tocada por la Unión Musical Virgen del Quinche, con vientos y percusión. Aunque sin duda lo más llamativo era un tótem formado por un enorme cochinillo, cinco pollos y varias botellas de cava. Una forma de invocar a la prosperidad por medio de esa curiosa ofrenda.

Honduras, Nicaragua y Chile miraban hacia su pasado indígena, especialmente el país andino en cuya representación podía verse a participantes vestidos y pintados como indígenas. «Se lleva México en la piel», era una de las consignas que salían del soundsystem de la delegación del país centroamericano. Referentes a Frida Kahlo, danzas aztecas, plumas y maracas se movían al ritmo de ranchera. Por su parte, las mujeres paraguayas hacían gala de equilibrio portando botellas y vasijas sobre sus cabezas. Unas bandejas repletas de rosquillas hacían la función de ofrenda, al igual que algunas obras de artesanía realizadas en telares.

Las camisas naranjas de Perú y su Señor de Misericordia daban paso a la llamativa delegación de República Dominicana, con gran sonoridad, gracias a una estruendosa percusión y con máscaras de dragones y otros personajes mitológicos.

Cerraban las representaciones de países como Uruguay y Cuba y tras ellas la caravana del Instituto Mexicano del Sonido, una propuesta musical comandada por Camilo Lara que conjuga tradición y vanguardia bajo la consigna «yo digo baile, tú dices dance». Cuando el grupo atravesó la plaza de Cibeles se dio por concluido el desfile, que tuvo como colofón final la actuación de la leyenda de la salsa Willie Colón.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)