De lugar de paso a tierra de destino
Más del 8 por ciento de la población de Algeciras, que cuenta con alrededor de 120.000 habitantes, es inmigrante. A ellos se unen los sin papeles, en su mayoría menores, que terminan viviendo en la calle en condiciones infrahumanas
ABC, , 10-10-2011REn los semáforos de Algeciras no hay jóvenes de color vendiendo periódicos o kleenex, como en otras ciudades andaluzas. Los conductores de esta localidad gaditana aparcan sin la ayuda de gorrillas, autóctonos o inmigrantes. Sin embargo, las calles de la puerta de Europa son un mosaico de culturas. Europeos, africanos, árabes, asiáticos y latinoamericanos conviven en armonía, convirtiendo el centro de la ciudad y su mercado de abastos en una torre de babel improvisada. Algeciras, una de las primeras ciudades que experimentó la inmigración, cuenta con unos 120.000 habitantes de los que más del 8% son inmigrantes. Cuatro de las barriadas algecireñas se han convertido en residencia de inmigrantes, es decir, más de la mitad de la ciudad acoge a extranjeros, en su mayoría marroquíes debido a la cercanía del país árabe.
Lo que siempre había sido una ciudad de paso, en los años noventa se tornó lugar de destino. Los musulmanes fueron los primeros en asentarse en el municipio algecireño, algo que se hace patente en el gran número de negocios propiedad de estos ciudadanos y destinados a la venta de productos propios.
Al contrario que en otras provincias, donde los inmigrantes se asientan en la periferia, en barrios que acaban convirtiéndose en guetos impenetrables para el resto de ciudadanos, en Algeciras la inmigración se ha arraigado y son barrios como el centro, La Bajadilla o La Piñera los que acogen a vecinos de diferentes nacionalidades que conviven con los residentes de la zona.
Los sin papeles
El lado más amable de la diversidad social de esta ciudad se contrapone a una realidad mucho más cruel, la de los inmigrantes ilegales, sobre todo menores de edad, que duermen en las calles. A pesar de que hay centros de acogida, como el de la Parroquia de los Pescadores, que lleva desde el inicio del fenómeno de la inmigración ayudando a los que llegan en pateras, y que acogen a todos aquellos que una vez cumplido el plazo de 40 o 50 días son expulsados de los CIE (Centros de Internamiento para Extranjeros), la falta de capacidad sigue dejando «tristemente a muchos en la calle, aunque intentemos evitarlo en la medida de lo posible» explicó el cura de esta parroquia a ABC.
Andrés lamentó que «existe una deshumanización enorme» y los centros de internamiento acaban expulsando a sus residentes, llegados en patera desde diferentes puntos de África. Los Pescadores comenzó su labor en los montes, intentando encontrar inmigrantes que, llegados en pateras, se escondían en los bosques huyendo de las fuerzas de seguridad, ya que, según este párroco «antes era ilegal ayudarles».
Posteriormente, aquellos primeros marroquíes que venían de veintena en veintena, aunque sólo algunos alcanzaban la orilla española, dejaron paso a los nigerianos. Las mafias marroquíes y nigerianas los traían hasta España en balsas dejándolos desamparados. Luego el mercadeo de mujeres trajo consigo a numerosas nigerianas, «junto a las que luchamos para sacarlas de la prostitución, ya que venían tras haber sido compradas a sus familias por mafias de trata de blancas».
Una llegada continúa de inmigrantes en pateras, escondidos en barcos, en aviones o en coches… en su mayor número jóvenes que eran dirigidos a centros de menores y que luego, desde esta parroquia, se les ayudaba enseñándoles español y aportándoles su derecho a la sanidad y a la educación.
El cura de los inmigrantes
Actualmente, Los Pescadores cuenta con alrededor de 50 inmigrantes, de diferentes nacionalidades, incluso de Europa del Este, ya que el centro únicamente cuenta con literas para 25 chicos y camas para 15 chicas. «En verano solemos acoger a muchos más porque colocamos colchonetas y mantas en el suelo para darles un techo», afirmó Andrés. Este cura de los inmigrantes lamentó que no se ponga fin a la que denominó una inmigración «salvaje» que comenzó de manera salvaje y continúa siéndolo y que supedita a muchas personas al abandono y a la indigencia en las calles de una ciudad que se ha reconocido siempre como «un sitio de paso, de breve estancia, pero en el que cada vez se quedan más inmigrantes».
De otro lado está la labor de asociaciones como Algeciras Acoge, que lleva años encargándose de ayudar a los inmigrantes, realizando labores de acogida como ayudarles con la documentación, además de la trata de seres humanos o la violencia de género, retorno voluntario o repatriación de cadáveres, etc. En el aspecto social ayudándolos en el mercado de trabajo y búsqueda activa de empleo y la sensibilización a empresariado y familias empleadoras.
Además de estas labores, con las que atendieron en el pasado 2010 a 1.052 personas, 408 hombres y 562 mujeres, la mayoría de ellos de entre 18 y 30 años. De los cuales 331 se encontraban en situación irregular, la asociación se centra en la ayuda a menores que, tras salir de los centros de internamiento, se quedan en la calle completamente desamparados. Un problema, que afirmaron «es muy grave» y al que advirtieron, «por el momento no se le ha encontrado solución, más que la ayuda que podamos ofrecerle desde este u otros centros».
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