Azra Asim: «Nos llegan casos de matrimonios forzados»

El Periodico, OLGA MERINO, 03-10-2011

Se reúnen en un piso del Raval amplio y oscuro, sede de la asociación de mujeres paquistanís ACESOP, fundada hace 10 años. Fue la primera en Catalunya y ya cuenta con unas 600 socias. Azra Asim (Jhelum, Pakistán, 1969) las ayuda.

–Soy voluntaria. No cobro sueldo. Aquí se ofrecen clases de costura, cocina, informática, de catalán y castellano, de urdu para los niños… –¿Antes trabajaba fuera de casa? –Estaba en una panadería hasta que me echaron. Y había trabajado como traductora. También soy muy buena costurera. Busco, pero no sale nada. –¿Y su marido? –Trabajaba de camarero en un hotel. Ahora cobra el paro, que le dura hasta agosto. Estamos luchando. –Hay pocas paquistanís en la calle. –Las familias que vienen aquí son de zonas rurales. A estas mujeres les falta confianza. No pueden hablar con libertad. No saben el idioma. Tienen miedo y vergüenza. –¿Por qué? –En Pakistán, en las aldeas, también viven así; apenas salen de casa. En las ciudades la situación es distinta. –¿Por imperativo religioso? –La religión no dice que deban encerrarse en casa. Es por la presión de los maridos y la tradición cultural. Las chicas marroquís también son musulmanas y sí que salen. –¿Llegan casos de bodas forzadas? –Hago de intermediaria con las familias. Unas veces sale bien; otras, no. También surgen problemas cuando ya las han casado, y hay que mediar. Sí, nos llegan casos. Son mujeres que no quieren casarse con un primo o con el hijo de un primo. Y las obligan. –¿Con un primo? –En las familias extensas se da. Matrimonios concertados para asegurar que las tierras, las propiedades y la fortuna no se dispersen… Me he discutido con muchos hombres. –¿Qué les dice? –Ni en el Corán ni en el hadiz (dichos del profeta Mahoma sobre la tradición) está escrito que la mujer deba ser obligada a casarse con quien no quiere. El otro día se lo dije a un señor con estudios… Aquí hay chicos guapos, con papeles y trabajadores, pero él no los quiere para su hija. Prefiere casarla con un familiar. –¿A qué edad se casó usted? –A los 21 años.

–¿Libremente?
–Sí (ríe). Soy de ciudad, y allí las cosas son diferentes. Vine aquí en el 2002, con mi marido y mi hija, que entonces tenía tres años. Nos fuimos de Pakistán por problemas familiares.

–¿Su marido la apoya? –Totalmente. Y también mis suegros. Viven allí, pero vienen a visitarnos. –Veo que no lleva velo. –Pocas veces lo llevo. Si estoy muy triste, me lo pongo. Me protege. –¿Qué le parece la prohibición? –No estoy de acuerdo. Es la vida de cada uno. Tan malo es que te obliguen a llevarlo como que lo prohíban. –Daría libertad a la mujer para decidir. –Así es. Muchas mujeres en Inglaterra, Bélgica y Austria van vestidas con el shalwar kameez (camisola típica paquistaní) y no pasa nada. El velo no es ofensivo. ¡No molesta a nadie! –¿Qué significa llevar velo? –En nuestra religión es obligatorio que las mujeres nos tapemos el cabello. Por pudor. Yo no lo hago, pero espero algún día poder hacerlo, cuando tenga un trabajo bueno y mi vida esté estabilizada. –Su hija, ¿lo lleva? –Si yo no me lo pongo, ¿cómo puedo obligarla a llevarlo? Otra cosa es que le dé consejos, pero sin imponerle nada. –¿Qué consejos? –Le digo que no escoja ropa demasiado ceñida, que se ponga un poco de manga. Tiene 13 años. Está en una edad muy complicada. Además, aunque la obligara a vestir de determinada manera… Mi hija tiene amiguitas marroquís cuyos padres no las dejan vestir vaqueros ajustados ni leggins. Pero ellas se los ponen debajo de un pantalón ancho, tipo pijama, y en la calle se lo quitan. –¿Qué quiere estudiar la chica? –A esta edad no saben nada. Pero sí, me gustaría que estudiara. Ahora hace segundo de ESO, y habla muy bien catalán. A mí, en cambio, no me sale, no puedo pronunciarlo. Aunque lo que me hablan lo entiendo.
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