PABLO PARDO / Washington Especial para EL MUNDO

Alabama: entre la fruta y los ilegales

Su nueva ley de inmigración provoca la huida masiva de los 'sin papeles'

El Mundo, , 03-10-2011

Un día sin mexicanos es un falso documental realizado en 2004 por el director de cine y músico Sergio Arau en el que se describe qué pasaría en California si misteriosamente todos los inmigrantes desaparecieran. Siete años después, el estado de Alabama se ha acercado a convertir esa ficción en realidad, al menos en lo que se refiere a los inmigrantes ilegales.

El problema es que, sin inmigrantes, no hay fruta ni pollo, como ha comprobado Alabama en los apenas cuatro días transcurridos desde que la juez Sharon Lovelace Blackburn declaró legales una serie de puntos de la HB-56, la nueva ley de inmigración del Estado, la más dura de EEUU.

La norma exige a las escuelas que elaboren cada año listas de los alumnos que son inmigrantes ilegales o hijos de ilegales, aunque especifica que sólo se debe hacer por motivos informativos, y no para emprender acciones legales.

También crea un sistema para matricular coches que excluye a los ilegales, lo que tiene consecuencias muy serias en un estado en el que no hay transporte público. Y, al igual que en Arizona o en España, permite a la policía exigir los papeles a cualquier persona que sospeche que sea inmigrante ilegal. Otros apartados más duros aún están pendientes de la decisión de la Justicia.

Así que los inmigrantes ilegales se están yendo. Y en EEUU los hispanos legales o no «hacen los trabajos que ni los negros quieren» y, aunque decir eso sea políticamente incorrecto como comprobó el entonces presidente mexicano, Vicente Fox, cuando hizo esa afirmación en 2005, es una verdad innegable. Sin hispanos que estén dispuestos a estar doblados de sol a sol recogiéndolos, los tomates se pudren en la tierra. Como ha manifestado Mark Higginbotham, de la asociación de empresas agrícolas de Alabama, «es un hecho que muchos estadounidenses no están dispuestos a hacer trabajos duros a pleno sol».

El comisario de Agricultura de Alabama, John McMillan, ha declarado que los granjeros, especialmente los que se dedican a las hortalizas, las frutas y los pollos, están teniendo «tremendas dificultades» como consecuencia de la nueva ley de inmigración, y que esto traerá consecuencias en toda la economía de Alabama, dado que la quinta parte de sus empleos procede de la agricultura.

El problema, entretanto, crece. El viernes, numerosas escuelas informaron de que los estudiantes hijos de inmigrantes ilegales no habían asistido a clase.

En Alabama hay muy pocas personas de origen latinoamericano. Apenas alrededor del 3,3% de la población, de los que sólo un tercio es ilegal.

Pero el ultraconservador estado parece haber decidido que esos aproximadamente 120.000 sin papeles son la causa de todos los males del territorio, aunque no hay ninguna evidencia que apunte a ellos como responsables de que Alabama sea el estado número 46 de los 50 que forman Estados Unidos en renta per capita o el número 45 en porcentaje de la población con título universitario.

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