Un estudio de la fundación Jaume Bofill alerta que los ´grupos adaptados´ de la ESO son una vía hacia el fracaso escolar

Un gueto dentro del instituto

La Vanguardia, , 03-10-2011

MAITE GUTIÉRREZ – Barcelona

Los grupos separados sólo sirven a veces para sacar del aula a los alumnos problemáticos
Los grupos adaptados o de nivel en la ESO, donde se agrupa a menudo a los estudiantes que sacan peores notas y tienen dificultades, se han convertido en una vía muerta para estos alumnos; son un recurso que en lugar de mejorar su aprendizaje, les empuja al fracaso escolar. Un reciente estudio de la Fundació Jaume Bofill, elaborado por los profesores Pep Gratacós y Pilar Ugidos, cuestiona con dureza la utilidad de esta práctica en la educación secundaria y denuncia que los mecanismos “de compensación” para los estudiantes con dificultades han llegado “a pervertirse”.

Desde la década de 1980 los institutos han buscado instrumentos para ayudar a los alumnos que van mal en clase – mecanismos de compensación-.Una práctica muy común en secundaria es la creación de lo que se conoce como grupo adaptado o de nivel.Allí se concentra a los estudiantes con más problemas para seguir las clases o que se portan mal y tampoco tienen gran interés por lo que se explica en el aula.

Se supone que se les ofrecerá un aprendizaje adaptado a sus necesidades y los alumnos se pondrán al día y lograrán reincorporarse a una clase ordinaria. “Pero en realidad, estos grupos cumplen con frecuencia otro objetivo: sacar del aula ordinaria a los alumnos más problemáticos, porque así al profesor le es más cómodo dar clase con los alumnos que van bien”, explica Pep Gratacós. Es decir, los grupos diferenciados se han convertido en una especie de gueto dentro del propio centro educativo.

Este profesor y tutor de un aula de acogida para inmigrantes en Banyoles señala que hay dos causas que explican que el objetivo de estos grupos se haya desvirtuado.

Primero, que escuelas e institutos deben hacer frente a una realidad cada vez más compleja, con alumnos con problemas socioeconómicos, de origen inmigrante, con familias desestructuradas o con padres que simplemente delegan en el centro toda la responsabilidad educativa. Y todo eso con unos recursos limitados. “Hace unos años teníamos en las aulas de refuerzo a tres o cuatro alumnos, ahora superan la decena y los centros están desbordados”, señala Gratacós. El estudio que firma junto con Ugidos – Diversidad cultural y exclusión escolar. Dinámicas educativas, relaciones interpersonales y actitudes del profesorado-,señala que las facultades de Educación no están preparando bien a los docentes para hacerse cargo de unas aulas cada vez más diversas. La formación a lo largo de la carrera profesional también resulta deficiente. El otro factor es la actitud del propio profesorado. “Estos recursos van bien para quitarse de encima al que molesta”, señala Gratacós, muy crítico con estos comportamientos. “El discurso que impera es el del buenismo; muchos profesores dicen que estos grupos ayudarán al alumno a conseguir el título de ESO, pero no es cierto”, añade.

¿Y qué ocurre dentro de una de estas aulas compensatorias?

“Estos grupos se deterioran rápidamente por la falta de referentes positivos, los alumnos quedan señalados, se sienten como los tontos, los que no sirven, acaban asumiendo el rol que les asigna la escuela y su actitud hacia el estudio empeora”, explica el autor.

Lo peor de todo es que, cuando un alumno queda señalado como sujeto de estos recursos, es muy probable que nunca salga de ellos y su escolarización se convierta en un preregrinaje por la periferia: de una atención individualizada a una aula abierta, luego a un aula taller, a un grupo adaptado, a un plan individualizado dentro del aula… Los alumnos con dificultades económicas o con familias de nivel sociocultural bajo y los de origen inmigrante – bien porque desconocen catalán y castellano, bien por problemas familiares-son los principales usuarios de estos grupos, precisamente los colectivos con un fracaso escolar más alto.

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