«Me tiraron al suelo y me patearon la cabeza»
La Verdad, , 21-09-2011Salvador Sánchez, con el parte de lesiones. En su cara aún se aprecian, diez días después de la paliza, algunos hematomas. :: EDU BOTELLA / AGM
El rostro de Salvador Sánchez aún conserva algunos pequeños hematomas que recuerdan la paliza que dos jóvenes le propinaron, hace más de diez días, en las inmediaciones de la calle Santa Teresa, en Murcia. «Me tiraron al suelo y me patearon la cabeza». El peor rasguño de Salvador, sin embargo, no salta a la vista. No es perceptible. Esta experiencia ha dejado en este murciano, de 35 años y afincado desde hace uno en la inglesa localidad de Brighton, una sensación de inseguridad. «Qué tristeza me da comprobar», relata, en una carta escrita a este diario, «en lo que se ha convertido mi país y, en particular, esta Murcia».
Salvador disfrutaba el pasado 9 de septiembre del reencuentro con sus amigos y compañeros del Grupo Templario, en el campamento de Moros y Cristianos de El Malecón, en Murcia. Había cenado y departido con sus conocidos hasta que, sobre las cuatro de la madrugada, se marchó para acompañar a una amiga hasta su casa. El problema surgió cuando la pareja atravesaba la murciana calle de Santa Teresa. «Se me acercaron dos tipos, suramericanos y bajitos, y me agarraron, pidiéndome tabaco y dándome pataditas», relata indignado. «No querían nada en concreto, solo buscaban una excusa para golpearme».
Según relata Salvador, tras varios golpes los dos jóvenes se marcharon de la zona, pero su tranquilidad duró muy poco. «Creo que alguien les dijo que volviesen». En esa segunda acometida, este murciano recibió una lluvia de golpes. «Sin mediar palabra, comenzaron a pegarme, me tiraron al suelo y me patearon la cabeza», recuerda. «Me defendí como pude, pero eran dos y estaba a su merced». Una botella de cristal lanzada por un vecino puso punto y final a la agresión. Salvador está convencido de que los dos jóvenes que le agredieron son miembros de una banda latina «que trataban de ganar méritos». Diez días después, se recupera en casa de las heridas – un brazo lo mueve aún con dificultad – y prepara las maletas para marcharse de nuevo a Inglaterra. Ahora lo hace con una doble pena.
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