«Subsistimos gracias a los valencianos; ésta es una institución de los valencianos. Todos los días tenemos donativos: naranjas, manzanas... »

Las Provincias, PEDRO ORTIZ |, 18-09-2011

Para usar la Casa Caridad de Valencia sólo es necesario un requisito: tener hambre. Más de 100 años lleva esta institución sirviendo a los valencianos, apoyándose en los valencianos que tienen un poco más y se solidarizan con los que menos tienen. Más de un siglo da mucho de sí: no es lo mismo una época de bonanza que una época de crisis. Como la actual. Manuel Casanova, el presidente, es quien más sabe de esta institución:

- Somos el mejor observatorio que hay en Valencia para conocer cuál es realmente la situación social. Tanto en el número de personas como en el tipo de personas a las que se atiende: nada tiene que ver el perfil del usuario con el de hace tres años.

- ¿En qué son distintos?

- En estos momentos los usuarios son personas totalmente normalizadas cuyo problema fundamental es la precariedad económica. Son personas que no llegan a final de mes; que tienen a toda su familia en el paro o que tienen problemas para pagar la hipoteca.

- ¿Qué ayuda encuentran en la Casa Caridad?

- Ofrecemos el comedor social, el albergue, el centro de día, servicios de duchas, talleres prelaborales. Aquí tenemos muchísimos servicios.

- Pero fundamentalmente dan comidas.

- La insignia de esta casa, por la cual fue creada, es la erradicación de la mendicidad a través de un asistencialismo, básicamente con la comida. De las 396.000 atenciones que hemos realizado en el año 2010, 335.000 son atenciones alimenticias. Luego están las 20.000 atenciones en el albergue y más cosas. Pero nuestra labor social básica es la distribución de alimentos.

- ¿Y cuáles eran las cifras hace cuatro o cinco años?

- En el año 2008 se repartieron 170.000 raciones; y en el año 2009, 335.000. El aumento importante se produjo ahí. Hasta entonces venía un porcentaje muy elevado de inmigrantes y de personas al borde de la exclusión social. Hoy siguen viniendo personas con esos problemas, pero el aumento tan importante corresponde a personas normalizadas y familias. Ahora atendemos entre 40 y 50 niños mensuales; hay niños con uniforme escolar: los padres los sacan del colegio a la hora del comedor para no tener que pagarlo.

- A nadie se le ha obligado nunca a venir aquí.

- No, nunca. Lo que sí que hace la policía es, en las noches de mucho frío, intentar convencer a las personas que duermen a la intemperie a que vengan a dormir.

- ¿Hay muchas plazas para pasar la noche?

- Hay 75 plazas para todas las personas que tienen necesidad y que nuestro equipo de trabajadores sociales considera que cumplen los requisitos. El problema es que el albergue no es una residencia. Es para estar tres o cuatro días. Esa es la filosofía; pero ahora la duración media ha aumentado. Se sitúa en el mes. Eso es algo que preocupa. Tenemos adaptadas tres habitaciones para familias.

- ¿Y cómo se dice a alguien que no puede seguir en el albergue?

- Toda la gestión técnica recae en los trabajadores sociales y en los psicólogos. A partir del año 2000 la Casa Caridad pasó de un sistema asistencialista a uno profesionalizado. Todas las personas que vienen pasan una entrevista por parte de los trabajadores sociales. Muchas veces se repiten las circunstancias: el paro, una separación, una depresión. Las personas a las que atendemos son cada vez más jóvenes. Que una persona de 40 años no encuentre trabajo es muy duro. Al final acaban con depresiones. Además, aunque hay más hombres, somos el único albergue en Valencia para hombres y mujeres.

- ¿Para comer hay que pasar una entrevista con los trabajadores sociales?

- El primer día no, pero luego sí. Procuramos identificar a la gente, pero no excluimos a nadie aunque no se identifique. Incluso dejamos entrar a gente que no debería entrar.

- ¿Por qué no debería entrar?

- Porque su situación real no es para entrar en la Casa de la Caridad. Si está en estado de embriaguez, lógicamente no entra. O si es un alborotador. Si insiste llamamos a la policía. Recuerdo a una persona a la que no se admitió porque ya había ocasionado problemas y cogió unas piedras y empezó a romper cristales.

- ¿Dónde consiguen la comida?

- Subsistimos gracias a los valencianos; ésta es una institución de los valencianos. Todos los días tenemos muchos donativos en especie: naranjas, manzanas. Un día nos llegó un gran cargamento de manzanas; las metimos en la cámara y empezamos a hacer puré de manzana, compota de manzana, tarta de manzana. Todos los días hasta que se acabaron había manzana en el menú. Utilizamos todos los recursos que tenemos al máximo. Un camión que transportaba bricks de leche tuvo un accidente y como podíamos disponer de ella tuvimos leche desde diciembre hasta febrero. Otra parte muy importante de la comida es la que se compra día a día.

- ¿De dónde viene el dinero?

- De los donativos. Abrir esta institución cuesta 7.300 euros diarios, que es mucho dinero. Los que tenemos la responsabilidad de que esto se mantenga abierto tenemos la responsabilidad de decidir qué hacemos para recaudar ese dinero. Para eso intentamos que el pueblo valenciano conozca qué es la Casa Caridad. La gente se confunde y cree que somos de la Iglesia, cuando esta es una institución laica: el 70% de nuestro presupuesto proviene de donativos y el otro 30% de las instituciones: Generalitat, Ayuntamiento y Diputación. También hay herencias; te legan acciones, pisos, terrenos.

- ¿Cuál es la última mejor sorpresa?

- Un anónimo de 607.000 euros. Fue a la semana de acceder yo a la presidencia, en el año 2000.

- ¿Hacienda entra ahí?

- No, estamos totalmente exentos de cualquier impuesto y, además, todas las personas que hacen donativos tienen la exención del IRPF. Sólo pagamos un impuesto muy curioso: el vado para que no se aparque en la puerta.

- Pero ustedes ya no admiten ropa usada.

- Dejamos de aceptarla y hubo quien interpretó que aquí sobraba todo. Pero no teníamos medidas de seguridad suficiente y además, nos dimos cuenta de que mucha gente que venía al ropero luego revendía la ropa. Pero seguimos repartiendo ropa, y ropa que es nueva: compramos tres o cuatro prendas de invierno y tres o cuatro de verano y las repartimos a los usuarios que les hace falta.

- ¿Hay casas de caridad en todas las ciudades?

- No, solamente hay una parecida en Barcelona. En la edición de 1923, el Espasa – Calpe define la Casa Caridad de Valencia como única en su género. Estamos bajo el protectorado del Ayuntamiento de Valencia pero manteniendo nuestra independencia y privacidad.

- ¿Alguna vez ha estado en peligro la Casa Caridad?

- Ha tenido sus años buenos y sus años malos. La peor época fue a finales de los 70 y mediados de los 80. No había ingresos. Gracias a unas cuantas familias valencianas muy vinculadas a esta institución, se mantuvo la casa. Cuando había un pago, o se tenía que pagar las nóminas, se llamaba a estos señores.

- Y el mejor año sería cuando menos actividad tuviesen.

- Cuando menos hubo fue en 2000 – 2007, la época de las vacas gordas. Que cierre la institución es una utopía. Ojalá sucediera. La Casa Caridad no ha cerrado nunca.

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