Ajustada victoria de la izquierda danesa

El Correo, EDER PÉREZ GARAY, 16-09-2011

Dinamarca confirmó ayer el cambio de signo político presagiado por las encuestas al conceder una exigua mayoría parlamentaria a la coalición de centroizquierda que encabeza la socialdemócrata Helle Thorning – Schmidt. La candidata triunfante habrá de dirigir la ímproba tarea de revocar los recortes sociales del anterior Gobierno sin poner en jaque las cuentas públicas, y tal vez intente atemperar las severas – y populares – leyes migratorias del país.

Sin duda, amén de la victoria izquierdista tras casi una década en la oposición, el titular de la jornada fue el tenue menoscabo del nacionalista Partido Popular, pues rompe una tendencia imparable en el norte de Europa después de la crisis. Aquí, como en Suecia u Holanda, la derecha populista ha dispuesto de la llave de la mayoría parlamentaria, que ha prestado a los grandes grupos de centroderecha a cambio de concesiones a menudo antagónicas a su arraigada tradición liberal.

Cuando se había escrutado el 85,1% de los votos, el ‘bloque rojo’ lideraba el recuento con una ajustada ventaja de 89 escaño. Antes, los sondeos a pie de urna habían concedido a la izquierda una mayoría de 92, frente a los 84 de una coalición gubernamental a la que el citado escrutinio situaba en 86. Los xenófobos habrían perdido un 3% de los votos que cosecharon en los comicios generales de 2007, menos de lo esperado. En conjunto, el ‘Folketing’ suma 179 escaños, de los que cuatro se escogen en las islas Feroe y Groenlandia.

Los resultados partido por partido encierran un sinfín de paradojas. Quizá sea exagerado tildar de pírrica la victoria de Thorning – Schmidt – la primera mujer llamada a asumir la cúspide del Ejecutivo – , pero así y todo el desempeño de su formación ha sido el peor en décadas. La inapreciable caída de la derecha radical, al contrario, no se debe tanto al fervor contestatario frente a sus políticas migratorias como a la indignación por haber permitido la aprobación de las medidas de austeridad. En compensación, el Gobierno restableció los controles aduaneros en las fronteras comunitarias.

No es de extrañar, pues, que la prensa danesa hable de la derrota de la derecha en vez del triunfo de la izquierda. Es cierto que pequeñas fuerzas socialistas han experimentado un ascenso considerable, pero los albaceas de la socialdemocracia han perdido influencia y han quedado a merced de formaciones a veces impetuosas.

Algunos altos cargos de la formación han lamentado entre bastidores la incapacidad de su candidata para galvanizar a las bases y generar un «efecto Obama». Thorning – Schmidt es afable, fotogénica y está muy bien situada en la escena internacional – es nuera de un antiguo líder laborista británico – . Además, se jacta de haber reconciliado con éxito las distintas sensibilidades del partido y de haber recuperado el apoyo de los sindicatos, pero no ha logrado atraer el voto de los jóvenes, que en vez de seguirla se han escorado a los extremos.

Derrota esperada

La derrota de su contrincante, el liberal Lars Loekke Rasmussen, era ampliamente esperada, a pesar de que en la recta final había logrado reducir al máximo el trecho de ventaja que los sondeos concedían a Thorning – Schmidt. Rasmussen arrastró desde sus inicios como primer ministro en 2009 la mácula de ser la sombra de su antecesor, Anders Fogh Rasmussen (sin relación familiar), que renunció a su cargo para asumir el timón de la OTAN.

Aunque gozaba de una prestigiosa vitola como ministro de Finanzas – comandó la reforma fiscal más ambiciosa en décadas – , su ascenso a la cúspide del Gobierno coincidió con el desplome de la recaudación fiscal y el aumento desbocado del déficit. En un primer momento dio luz verde a costosos paquetes de estímulo que apenas resultaron en un empeoramiento del estado de las cuentas públicas, y más tarde aprobó las medidas de ajuste que tanto resquemor han generado.

Para colmo de males, los devaneos con la extrema derecha han alejado de su lado a sectores moderados del partido. Así surgió en 2007 Alianza Liberal, una fuerza partidaria del aperturismo social y económico que ha arañado un buen número de votos a la coalición gobernante.

Escaso margen de acción

Dinamarca ha roto con estas elecciones el férreo avance del conservadurismo en Europa y ha mostrado su rechazo a la fórmula comunitaria de austeridad y recortes para combatir los calamitosos déficits presupuestarios que lastran el crecimiento económico. Aunque el país escandinavo no es miembro del euro y su índice de desempleo es relativamente bajo – 6,1% – , el desajuste entre ingresos y gastos restringirá sobremanera el margen de actuación del nuevo Gobierno. La campaña de la oposición se ha centrado precisamente en repudiar las políticas económicas «burguesas» de la Administración, y no en combatir las nuevas leyes migratorias, que gozan de amplio respaldo social.

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