GENTE CORRIENTE

Asami Murakami: «La tienda es mi espacio: trabajo y tengo tres hijos»

El Periodico, CATALINA GAYÀ , 09-09-2011

Diseñadora textil. Tiene una tienda de costura junto a dos socias. Las tres son madres y emprendedoras.

Entro a la tienda porque leo en un cartel que se imparten clases de costura y me recibe Leyla Salem, argentina. En la habitación de atrás, está Asami Murakami, que da una papilla a un bebé. Charlamos de costura y las dos me hablan de Sonia Chaqués, una valenciana y la tercera socia. Hace dos meses, las tres montaron una tienda en la que, además de productos de mercería importados de Japón y Argentina, enseñan a coser. Las tres son mujeres de treinta y tantos, emprendedoras y madres. La tienda ha sido su regreso al mercado laboral tras la maternidad. Entre las tres deciden que Asami Murakami será la entrevistada.

–¿Cómo se le ocurrió abrir una tienda de costura en Barcelona?
–Tengo tres hijos y para una mujer que es madre es difícil entrar en el mercado y tener unos horarios compatibles con el hecho de ser madre.

–Empiece desde el principio.
–Hace cuatro años, llegué a Catalunya embarazada de ocho meses. Me quedé en casa de una amiga. En ese tiempo no entendía nada y mi vida no era fácil.

–¿Estaba embarazada?
–Sí, y tenía otro hijo. Ahora tengo tres niños.

–¿Venía de Japón?
–Sí. Había estudiado en Londres diseño textil y había regresado a Japón para tener a mis hijos, pero a mi marido se le ocurrió abrir un restaurante japonés en Barcelona y vinimos.

–¿Qué le hizo la vida más fácil?
–Hay dos momentos clave: cuando me puse a estudiar catalán y empecé a comunicarme con la gente. ¡Ya no dependía de nadie! El segundo: cuando abrimos la tienda y encontré un espacio propio.

–¿No habla castellano?
–No, no hablo castellano, lo siento. Me dijeron que la lengua de aquí era el catalán.

–¿Cómo abrieron la tienda?
– Sonia y yo ya éramos amigas y hace un año conocí a Leyla. Entre las tres decidimos abrir una tienda en la que enseñamos costura y vendemos los productos de una mercería de toda la vida, pero de procedencia japonesa o argentina.

–¿Y de Valencia?
–¡Las bolsas! Son las del arroz.

–¿Qué significa enseñar costura?
–Trabajamos con patrones para niños y mujeres . ¡Son muy sencillos! La mayoría de las personas que entran o se apuntan a cursos son madres que nunca han cosido un botón o han hecho un dobladillo.

– ¿Cómo conoció a sus socias?
–A Leyla, en la escuela de mis hijos. A Sonia me la presentó mi marido. Está casada con un japonés. Las tres somos madres: yo tengo tres hijos; Leyla, una niña de cuatro años, y Sonia, otra niña, también de cuatro años. Y las tres tenemos treinta y tantos años y ganas de seguir con nuestra vida laboral y ser madres.

–¿Por qué una tienda de costura?
–Porque es algo que nuestra generación ha perdido. Imagínese si es algo novedoso que cuando llamamos a la tienda para comprar las máquinas de coser, les gustó tanto la idea que hasta nos las prestan y ya somos distribuidores oficiales de la marca.

–Es algo nuevo en Catalunya.
–¡Y en España! Pero si le soy sincera, para mí es un espacio propio en Barcelona. Es lo que más valoro.

–¿No lo tenía hasta ahora?
–No. Estudié en Londres, regresamos a Japón y por el camino tuve a mi hijo mayor. El segundo, aquí, pero venía conmigo desde Japón. Fue imposible entrar en el mercado laboral siendo madre y extranjera. Gracias a la tienda lo he hecho.

–Perdón, pero entonces Costura es la historia de tres madres que deciden abrir un negocio porque el mercado laboral no les permite ejercer su profesión y, al mismo tiempo, ser madres.
–Sí. Y es la historia de muchas mujeres . Ahora los horarios me permiten ver a mis hijos. Antes era una madre las 24 horas del día y ahora hago lo que puedo, pero es importante para mí. ¡Necesito mi espa–¿No habla castellano?
–No, no hablo castellano, lo siento. Me dijeron que la lengua de aquí era el catalán.

–¿Cómo abrieron la tienda?
– Sonia y yo ya éramos amigas y hace un año conocí a Leyla. Entre las tres decidimos abrir una tienda en la que enseñamos costura y vendemos los productos de una mercería de toda la vida, pero de procedencia japonesa o argentina.

–¿Y de Valencia?
–¡Las bolsas! Son las del arroz.

–¿Qué significa enseñar costura?
–Trabajamos con patrones para niños y mujeres . ¡Son muy sencillos! La mayoría de las personas que entran o se apuntan a cursos son madres que nunca han cosido un botón o han hecho un dobladillo.

– ¿Cómo conoció a sus socias?
–A Leyla, en la escuela de mis hijos. A Sonia me la presentó mi marido. Está casada con un japonés. Las tres somos madres: yo tengo tres hijos; Leyla, una niña de cuatro años, y Sonia, otra niña, también de cuatro años. Y las tres tenemos treinta y tantos años y ganas de seguir con nuestra vida laboral y ser madres.

–¿Por qué una tienda de costura?
–Porque es algo que nuestra generación ha perdido. Imagínese si es algo novedoso que cuando llamamos a la tienda para comprar las máquinas de coser, les gustó tanto la idea que hasta nos las prestan y ya somos distribuidores oficiales de la marca.

–Es algo nuevo en Catalunya.
–¡Y en España! Pero si le soy sincera, para mí es un espacio propio en Barcelona. Es lo que más valoro.

–¿No lo tenía hasta ahora?
–No. Estudié en Londres, regresamos a Japón y por el camino tuve a mi hijo mayor. El segundo, aquí, pero venía conmigo desde Japón. Fue imposible entrar en el mercado laboral siendo madre y extranjera. Gracias a la tienda lo he hecho.

–Perdón, pero entonces Costura es la historia de tres madres que deciden abrir un negocio porque el mercado laboral no les permite ejercer su profesión y, al mismo tiempo, ser madres.
–Sí. Y es la historia de muchas mujeres . Ahora los horarios me permiten ver a mis hijos. Antes era una madre las 24 horas del día y ahora hago lo que puedo, pero es importante para mí. ¡Necesito mi espacio!

–¿Es Barcelona una buena ciudad para criar a sus hijos?
–Sí, más que Londres y más que Japón. La sociedad aquí acepta a los niños, es algo natural.

–Por cierto, ¿quién les enseñó a coser?
–Bueno, yo estudié diseño textil. Leyla trabajó como productora, pero le entusiasman las labores manuales. Sonia aprendió de su madre y de su abuela.
 

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