En la república solidaria de Ikea
El Correo, , 31-08-2011Para el medio millón de personas que sobreviven al hambre en el campamento de refugiados de Dadaab, al noroeste de Kenia, el de ayer fue un día para la esperanza. Ikea, el gigante sueco de los muebles y la decoración, anunciaba una ayuda de 62 millones de dólares (unos 43 millones de euros) destinados a paliar la escasez de alimentos que desde hace meses azota al África oriental.
Se trata de la mayor donación privada que en 60 años recibe el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). La astronómica cifra se repartirá de forma escalonada durante los próximos tres años y permitirá auxiliar a un total de 120.000 personas, familias y niños del campo de Dadaab, el complejo de refugiados más grande del mundo y donde sobreviven 440.000 somalíes.
Los combates étnicos, la sequía extrema y la inflación en los precios de los alimentos básicos tienen sumido el país en una crisis humanitaria «que continúa aumentando con miles de personas que huyen cada semana» cruzando la frontera a Kenia, admitía ayer Antonio Guterres, Alto Comisionado de Acnur.
Ikea, a través de su fundación, es la primera empresa privada que ha puesto en su punto de mira los asentamientos africanos de refugiados. Los 40 millones de euros suponen un bálsamo para el organismo de las Naciones Unidas que depende en un 98% de las contribuciones voluntarias para poder ayudar a millones de desplazados en todo el mundo. Debido a la crisis económica, muchos gobiernos han faltado este último año a la cita con la solidaridad. La firma sueca establece un hito y abre el camino de las contribuciones corporativas en países olvidados.
El constructor sueco de muebles es también el mayor contribuyente privado de Unicef con once millones de euros invertidos en el fondo de ayuda a los niños. No es la primera vez que Ikea presta apoyo económico a la agencia para los refugiados. También ofrece material a los desplazados por la guerra libia y en operaciones de emergencia que la propia organización humanitaria desarrolla en Kirguistán.
En los últimos tiempos han empezado a salir a la palestra nuevos benefactores, inmensas fortunas que se han sumado al buen hacer de la generosidad y la responsabilidad social. Empresas como Ikea no son las únicas que enfocan en el Tercer Mundo sus nuevos idearios. Programas de donación como los de Pierre Omidyar (fundador de e – Bay) y Gordon Moore (exdirectivo de Intel) presiden una decena de organizaciones benéficas solo en Estados Unidos.
Quizás el ejemplo más generoso de todos sea el de Bill Gates. El cofundador de Microsoft dispone de una fortuna valorada en 42.000 millones de dólares y gran parte de ese dinero lo ha destinado a la fundación que preside junto a su mujer, centrada en la lucha contra el sida y las mejoras educativas en algunos países deprimidos. Un buen ejemplo en estos tiempos que corren.
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