«No es fácil seguir el Ramadán en Barcelona»
300.000 musulmanes celebran su mes santo más caluroso en Cataluña
El Mundo, , 30-08-2011PAU FARRÀS / Barcelona
«No se trata sólo de pasar hambre
». Mohammed Amrani, un carnicero
argelino del Raval, no se
cansa de explicar a los no iniciados
las interioridades de su religión.
Lo cuenta con una media
sonrisa y sin hacer proselitismo,
porque no trata de convencer sino
de hacerse entender: «No es
fácil practicar el Ramadán en
Barcelona».
Este año, el mes santo de los
musulmanes que varía según su
calendario lunar ha caído en pleno
agosto y ha costado más la privación
de bebida. Lo peor para
Morad, un marroquí que regenta
un bar de copas en el barrio, ha
sido no poder pisar la playa «para
no tener pensamientos impuros
». Con menos pasión que su
compatriota, Morad cuenta que
sigue el Ramadán «por una cuestión
de respeto».
Y lo hace en su vertiente más
material, es decir, respetando el
ayuno pero sin pisar una mezquita.
Aunque comparte con Mohammed
el lamento de vivir el Ramadán
en territorio no islámico, Morad
no echa de menos estar en
Marruecos, donde «te mandan a
prisión si te ven comiendo o besando
a una chica durante el día».
En la mezquita Tarek Ben Ziad
del carrer Hospital siete jóvenes
de origen marroquí charlan de la
vertiente más trascendental de la
fiesta: «Se trata de frenar el deseo
», explica Abdelatif, de 17
años, «sentirte con más control
sobre ti mismo, más fuerte». Los
siete son practicantes y subrayan
que lo que más esperan del «mejor
mes del año» son las fechas en
las que, reunida toda la familia,
cada cual pone en una bolsa dinero
para fines caritativos. «Es un
mes para salvarnos», reflexiona
Ahmed, el más excitado, que relata
los procesos de perdón y caridad
que llevan a cabo. El resultado
es, para ellos, la depuración, y
para los menos favorecidos, un
salvavidas. Todos aquellos que lo
necesitan pueden acudir a la
mezquita al final de cada día para
desayunar los alimentos que
otros fieles han traído expresamente.
Eso es comunidad. O «hermandad
», como dice Hicham. La escena
con estos jóvenes es una
muestra de la fraternidad musulmana.
Acaban de conocerse en la
mezquita, unos son del barrio y
otros han llegado de Vilanova i la
Geltrú, pero según el Corán todos
los fieles son hermanos y deben
tratarse como tales incluso acabados
de conocer, de ahí que compartan
el rezo y las comidas más
importantes del año.
Esta noche termina el Ramadán
y cada uno de los 300.000
musulmanes que viven en Cataluña
celebrará el Eid al-Fitr como
pueda. Amanat, Mohammad
Iman y Azmulhudakhan, que regentan
una tienda de alimentos,
comerán dulces y pescado según
manda la tradición de Bangladesh.
Cuentan que esta fiesta es
una forma de «ponerse al lado del
que no come» para valorar su situación
desde su mismo estado.
El objetivo del ayuno, abunda
Amanat, es enseñarle al creyente
la paciencia y la humildad, y «recordarle
lo afortunado que es».
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