nuevo caso de violencia machista en euskadi
"Deisy creía que no podría acercarse a ella"
La vecina que alertó a SOS-Deiak relata la angustia vivida durante el asesinato de Deisy Mendoza Amigos de la mujer fallecida denuncian que el presunto asesino “estaba a todas horas por la zona”
Deia, , 24-08-2011bilbao. “¡Auxilio, auxilio que me quiere matar, que me quiere matar!”. Estas estremecedoras palabras fueron las últimas de Deisy Mendoza, la mujer ecuatoriana de 36 años que ayer perdía la vida presuntamente a manos de su expareja, Héctor Melecio, de 38, en la céntrica calle Fernández del Campo de Bilbao. Según explicaba a este periódico Pili, vecina del portal número 16 y encargada de dar la voz de alarma a SOS Deiak (112), todos los vecinos se temieron lo peor en el momento en que los gritos de socorro se propagaron rápidamente por la escalera. “En cuanto escuché que la chica estaba pidiendo ayuda cogí el teléfono y llamé a la ambulancia”, relataba la mujer, todavía consternada por lo ocurrido.
Mientras familiares y amigos de la víctima amanecían ayer preguntándose qué falló para que todos los mecanismos de protección que había solicitado la víctima cayeran en saco roto, un grito de rabia inundaba también a los vecinos de Deisy Mendoza, para la que solo guardaban palabras de gratitud y cordialidad. “Era una mujer encantadora, igual que sus hijos, muy trabajadora y que nunca tuvo ningún tipo de problema con nadie”, explicaban. Sin embargo, al mencionar el nombre del presunto asesino, Héctor Melecio, el semblante y las palabras eran radicalmente opuestas. “A pesar de que la familia dice que le había denunciado por malos tratos, ese señor estaba a todas horas paseando por aquí. Yo vivo en el primer piso, y la verdad es que no les había oído discutir nunca, pero los vecinos de arriba sí que comentaban que a menudo se producían discusiones fuertes”, apostillaba Pili, quien tampoco hallaba explicación a este trágico desenlace. “Si la familia dice que la maltrataba desde hace tiempo y el hombre estaba denunciado, no entiendo cómo nadie ha hecho nada para evitar esta situación”, agregaba.
A escasos metros de donde se produjo el crimen el cuarto relacionado con la violencia machista en lo que va de año en Euskadi Begoña Caballero, dueña de un establecimiento situado a la altura del portal donde falleció Deisy, tampoco daba crédito a lo ocurrido. “El chico sí que era una persona que se dejaba ver por la zona y que conocíamos de vista. El mismo lunes de madrugada, cuando cerramos el local a las 01.30 horas, Héctor fue la última persona que se encontraba dentro. Unas horas después, a eso de las doce del mediodía, mi marido se lo encontró sentado en la calle y cuatro horas más tarde ya la había matado”, relata Begoña Caballero, quien afirma que Caraquemada como era conocido en la zona debido a una malformación en su rostro vivía desde hacía tres meses en un piso en Zabalburu pero solía frecuentar a todas horas la calle donde residía su antigua pareja sentimental junto a sus tres hijos de entre 11 y 17 años.
Otros vecinos consultados que preferían mantenerse en el anonimato aseguraban que habían sido testigos de las reiteradas amenazas a las que era sometida Deisy, aunque nunca pensaron que el presunto homicida pudiera llegar tan lejos: “Siempre creímos que el hombre estaba resentido por la reciente ruptura sentimental y que nunca se atrevería a matarla”, aseguraban.
Sin embargo, los que sí tenían claro que ese día podía llegar eran los amigos y familiares de la mujer de 36 años, que coincidían en describir a Héctor Melecio como un hombre “machista y mujeriego” que en “bastantes ocasiones” mostraba su lado más agresivo para afrontar los problemas. Un familiar de Deisy, incluso, llegó a plantear la posibilidad a la mujer ecuatoriana de que abandonara Bilbao y pusiera rumbo a Barcelona para comenzar una nueva vida lejos de su presunto maltratador, algo que finalmente desestimó al considerar, según aseguraban varios amigos, que con la denuncia “no podría acercarse a ella”, algo que desgraciadamente no ocurrió así. “Denunció y fue a pedir ayuda, pero nadie le hizo ningún caso”, lamentaban.
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