El precario sur de las Glòries
En solares y naves ocupadas malviven desde hace años gitanos rumanos junto a otros inmigrantes En solo una veintena de manzanas se concentran al menos seis enclaves marginales de chatarreros
El Periodico, , 24-08-2011En el centro de la Barcelona que ideara Cerdà, la plaza de las Glòries, casi todo es provisional o está aún por hacer, aunque hoy mismo haya en marcha tres obras significativas pero que solo son una parte de su futura grandeza urbanística: los Encants, el Disseny Hub y un aparcamiento. En tiempo de crisis sin final, esta precariedad se extiende hacia el sur, siempre el sur, de la inefable plaza. En poco más de una veintena de manzanas del Poblenou, entre la Meridiana, Diagonal y Llull, se concentran un mínimo de seis enclaves marginales de personas, la mayoría extranjeras, que malviven del comercio de la chatarra. Además de las naves de subsaharianos sin papeles, mujeres o hijos, ni otro techo que el de Badajoz, 112, de los que ya informó este diario, hay al menos otros cinco solares y edificios ocupados en este caso principalmente por familias de gitanos rumanos y portugueses. Una realidad social bien distinta dentro de una misma penuria.
A la sombra del esplendor arquitectónico de la Torre Agbar (es la gran e inevitable referencia) y de los hoteles y demás edificios de catálogo del 22@, justo en la trastienda de las extensas obras del futuro centro de diseño (la ya popular grapadora), un solar en la calle de Àlaba y tres naves en la de Bolívia son el más que precario refugio de una veintena de caravanas y furgonetas. Dentro de ellas viven, junto a algunos carteles que anuncian números de teléfono móvil para negociar el vaciado de chatarra de edificios o de obras, familias en un entorno sin servicios y donde se acumulan los residuos.
En ambos casos se trata de propiedades privadas en las que el ayuntamiento insistió ayer que no puede actuar, sin más concreciones a pesar de la degradación visible desde la propia calle. El solar de Àlaba se encuentra en esta situación desde el 2007 y el distrito de Sant Martí desconoce si la ocupación está en el juzgado o es consentida. En los locales de Bolívia y detrás de unas enormes puertas metálicas desvencijadas, pero aún en su sitio dentro de una fachada que conserva el rótulo de la antigua empresa, se alinean también algunas caravanas junto a otros rudimentarios espacios para comer o despachar. Varias furgonetas que anuncian el comercio de chatarra ocupan, con mucha basura a su alrededor, este tramo de calle.
En la de Àvila, al igual que en la de Zamora algo más lejos, existe igualmente otra nave ocupada, pero aquí no por rumanos sino por personas de diversas procedencias. En ella viven en mejores condiciones españoles okupas, subsaharianos y marroquís. En pleno trajín de las cercanas obras del futuro edificio Disseny Hub Barcelona, que utilizan esta calle como vía de suministro, dos jóvenes rasgaban ayer una guitarra en la acera, mientras un senegalés y un marroquí comentaban sus hallazgos metálicos.
BARRACAS DE MADERA / La situación es otra en el solar de la esquina de Llull y Pamplona, un espacio vallado tras el derribo hace unos dos años de un inmueble también ocupado y fuente entonces de conflicto con los vecinos, y donde en este tiempo se han instalado una decena de personas. Los rumanos, mayoritarios, que comparten el espacio con algún portugués y algún español viven aquí en barracas de madera, cartón y tela, rodeados de residuos y basura.
Vecinos de este cruce de calles donde predominan las empresas y oficinas se quejan del asentamiento, del foco de suciedad e insalubridad que supone y de esporádicas trifulcas. Otros, en cambio, aseguran que no ven peleas, que los ocupantes van y vienen durante el día y que frecuentan un bar próximo como cualquier cliente. Fuentes municipales dijeron ayer que la Guardia Urbana conoce la situación desde junio, pero reiteraron que es un terreno privado.
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