China ya no solo exporta trabajadores de 'todo a cien'
El Correo, , 22-08-2011Que el país más poblado del mundo sea también el que mayor número de emigrantes envía no resulta sorprendente. Sí que llama la atención, no obstante, el rápido cambio que ha vivido su perfil. Los jóvenes que en el siglo XXI salen de las fronteras chinas no tienen nada que ver con los trabajadores que, en condiciones de semi – esclavitud, fueron clave para construir la red ferroviaria de Estados Unidos hace doscientos años. Las aspiraciones tampoco comparten muchos elementos con las de sus progenitores directos: la meta ya no es llegar a Estados Unidos o a Europa para sudar en un sótano en el que se producen baratijas a cambio de un sueldo mísero. Ahora el objetivo es alcanzar la excelencia para que China se convierta en la potencia hegemónica que la población ansía.
La nueva tendencia la refleja un estudio oficial realizado por la Oficina para Asuntos de los Chinos de Ultramar, dependiente del Consejo de Estado que, por primera vez, analiza la emigración de la segunda potencia económica mundial. Eso sí, lo hace sólo desde 1978, fecha en la que Deng Xiaoping introdujo las reformas económicas y políticas que despertaron al dragón que hoy lanza potentes llamaradas. Según el informe, presentado la semana pasada con el título de ‘Libro Azul de los Chinos de Ultramar’, en estos 33 años han salido del gigante asiático 4,5 millones de ciudadanos, un número sin rival en cualquier otro lugar del mundo.
Contrariamente a lo que puede parecer, uno de los destinos preferidos en los últimos años ha sido Oceanía. En Australia, por ejemplo, en 2006 residían de forma legal 670.000 chinos, un número que representa el 3,41% del total de la población del país. Sin embargo, los últimos datos demográficos ofrecidos por las autoridades de Canberra muestran que, entre 2001 y 2006, la cantidad de personas procedentes del Gran Dragón se incrementó en nada menos que un 4,07%.
«Herméticos y trabajadores»
Aunque su peso sobre el total se diluye más, la presencia china en el resto de Asia es también más que evidente. Naciones como Singapur incluso tienen el chino como idioma cooficial, mientras que otras como Malasia, Indonesia o Tailandia cuentan con una minoría del gigante asiático muy influyente que no siempre convive en paz con la población local. Así se demostró en los disturbios que sacudieron Yakarta, la capital indonesia, en mayo de 1998. Una marabunta enfervorecida incendió Chinatown, y unas mil personas perecieron en los fuegos y a manos de autóctonos exaltados y armados con machetes. Desde entonces, nada ha vuelto a ser igual, y muchos han decidido abandonar el país.
«Molesta que los chinos, a pesar de ser una minoría, controlen una parte de la economía mucho mayor que la que les correspondería por su peso demográfico», analiza Xu Anqi, sociólogo de la Universidad de Fudan, en Shanghai. «Los emigrantes de China no son considerados especialmente violentos ni problemáticos, pero sí extremadamente trabajadores y herméticos, lo cual los hace sospechosos frente a los nativos», reconoce el experto.
A juicio del último informe, los emigrantes del Gran Dragón han contribuido sobremanera al desarrollo tanto del país de acogida como del suyo propio. El texto apunta como dato clave el número de directivos y emprendedores chinos de Silicon Valley, centro neurálgico de la producción tecnológica de Estados Unidos, que se estima en un tercio del total. Por si fuera poco, en esa zona se han instalado ya otros 270.000 ciudadanos del gigante asiático como resultado del excepcional ‘boom’ de la última década, que ha visto un incremento del 60%.
Un reportaje del Houston Chronicle, no obstante, deja en evidencia que se vive una tendencia muy diferente en la América profunda, donde los emigrantes chinos menos cualificados están sustituyendo a los mexicanos. Algo parecido sucede en África y Latinoamérica, donde se están estableciendo empresarios alentados por nuevas oportunidades de negocio. Todos ellos contribuyen al milagro económico del Gran Dragón con los tradicionales envíos de dinero, pero también con la experiencia adquirida. Porque la mayoría de ellos continúan ligados de alguna forma a la madre patria, y sus conocimientos también terminan llegando al país de Mao.
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