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¿Cómo se puede defender a M?

La Voz de Galicia, 19-08-2011

E stamos en agosto, cuando aprietan los calores, y uno se refresca en la estúpida pasión que lo desata del tedio. Estúpida pasión, he escrito bien. Lo pensé una vez más el pasado miércoles en el Nou Camp, mientras vociferaba en contra del deportista que más he detestado en toda mi vida: M. Pido disculpas por ello. Uno no va a ser sublime a todas horas del día, como pretendía el dandy Baudelaire. Uno precisa enfangarse en el grito ardiente de una noche de verano con fútbol al fondo. Me voy detrás del Barcelona desde hace muchos años. En un lado y otro de España, o del mundo, me gusta contemplar al que es «mi equipo» (disculpen, reitero, esta última pasión). Dicen que solo no se puede cambiar de hijos o de escuadra futbolística. Es cierto. Entre los placeres del fútbol está la discusión con los rivales. Discutir civilizada e irónicamente con los madridistas siempre ha sido uno de mis divertimentos favoritos… hasta que llegó M.

M crea campos de batalla. Sus jugadores son hoplitas que se baten en territorio de guerra. Los cambia, los muta. Casillas o Alonso eran antes de M muchachos pacíficos y sensatos, ahora son autómatas al servicio de su entrenador airado. Pero no solo ha convertido a los futbolistas, sino también a los aficionados: creen sus palabras como dogma de fe. Pero no a todos, por fortuna. Conozco a algunos que ya no quieren ni oír hablar de M. Les ha hundido la imagen. El centro de M son las ruedas de prensa, la refriega, el desdoro de la insolencia, la petulancia, la chulería de baja estofa. Con el equipazo que tiene podría ganarle al Barcelona jugando de otra manera. Pero prefiere la transmigración de jugador en agresor, y así salen Marcelo o Pepe (¿por qué no lo trata alguien?). Sin embargo M ya ha fracasado, y con él aquel que lo ha contratado, el mismo que expulsó a Del Bosque. El que no parece responsable de nada y es quien presenta estos números: más de mil millones en fichajes en sus mandatos y, en este momento, con M y 400 millones invertidos, 7 enfrentamientos con el Barcelona… ¡una sola victoria (y en la prórroga)! M quizá le gane títulos al Madrid en el futuro, pero ya le ha perdido el presente y me temo que le ha quemado el pasado. Díganme, pues, cómo se puede defender a M.

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