KEVIN BRADDOCK / Londres The Guardian / EL MUNDO
El 'diablo' viste sudadera con capucha
Esta popular prenda se ha convertido en símbolo de la exclusión y de la violencia
El Mundo, , 11-08-2011emida, ridiculizada, incomprendida, la sudadera con capucha ha recobrado el protagonismo en el contexto de los disturbios en el Reino Unido. Usada por millones de personas cada día, la elección como vestuario por defecto de toda una generación se ha transformado en días en un manto criminal para los jóvenes que se han dedicado al saqueo de Londres y otras ciudades.
Puede ser que en estos momentos resulte más noticiosa, pero la sudadera y el diablo popular que representa han estado entre nosotros durante mucho tiempo.
En el año 2007, en los disturbios que se produjeron en los suburbios parisinos del extrarradio, la mayoría de los adolescentes vestían sudaderas con capucha. Al otro lado del Canal de la Mancha, la popular prenda deportiva era también la vestimenta habitual de los jóvenes integrados en pandillas. Su uniforme era idéntico y la sudadera con capucha tan ubicua como el traje y la corbata en los centros financieros de París y Londres.
La capucha fue un símbolo político mucho antes de convertirse en una iniciativa política. Y es que, en realidad, toda la ropa es política, en el sentido de que transmite un mensaje sobre cómo el usuario desea ser percibido. Llevar la cara cubierta con alguna prenda denota el interés de no ser visto, de permanecer en el anonimato.
En los primeros años de la década, en el Reino Unido la sudadera ya se había convertido en una prenda directamente politizada, que simbolizaba la amenaza de la población adolescente. En mayo de 2005, la prenda fue prohibida por el centro comercial Bluewater, en Kent y, más adelante, por varias escuelas de Inglaterra y de Gales.
Sin embargo, no todos los chicos que llevaban puesta una sudadera con capucha eran necesariamente vándalos. Aquella prenda tan cómoda era un elemento básico para una amplia variedad de tribus juveniles que no están decididamente vinculados a la conducta antisocial. Su estigma, sin embargo, ya estaba ahí.
Ahora, una generación de jóvenes opta por refugiarse en la capa de invisibilidad que le proporciona la sudadera con capucha para escapar de la dura realidad de su presente y del preocupante futuro perversamente utópico al que se enfrentan. Una furtiva visión que parece acompañar su concepción sombría del mundo.
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