Cameron pasa al «contraataque»

El primer ministro atribuye los disturbios a una «cultura de falta de responsabilidad» y a una mala educación de los hijos

ABC, BORJA BERGARECHE / CORRESPONSAL EN LONDRES, 11-08-2011

Tras cuatro noches de disturbios sin precedentes en el Reino Unido, el primer ministro David Cameron aseguró ayer que las autoridades han recuperado la iniciativa en las calles. Como si de un frente bélico se tratara, el «premier» aseguró: «Necesitábamos contraatacar, y el contraataque está en camino». Estaba en juego, no ya la supervivencia política de un partido u otro, sino los fundamentos mismos del Estado y la autoridad en una nación que parecía desde el sábado una versión urbana de «El señor de las moscas». Un estadio predemocrático de sociedad en el que un grupo de violentos destrozaba los bienes públicos mientras que los ciudadanos pacíficos protegían sus comercios, limpiaban las calles e intentaban garantizar el orden ante la ausencia y pasividad de las fuerzas del orden.

Tras presidir ayer a las 9 de la mañana la segunda reunión en 24 horas del comité de gestión de emergencias, conocido como Cobra, Cameron parecía tener en mente al escritor William Holding y sus tesis sobre la naturaleza humana cuando afirmó: «No permitiremos una cultura de miedo en nuestras calles». Y en un mensaje directo a los que participaron en los actos delictivos de estos días, dijo: «Vamos a identificar foto a foto a los criminales».

En efecto, unos 500 agentes de Scotland Yard se dedican a revisar horas y horas de metraje de las miles de cámaras de circuito cerrado que pueblan la capital británica, para poder identificar a los participantes en los disturbios. La policía elevó ayer la cifra de arrestos en la capital a 805, y ya hay 250 personas contra las que se han presentado cargos. Sumando las detenciones que se produjeron ayer en el resto del país, son más de 1.300 las personas arrestadas, y se esperan nuevas detenciones en las próximas horas. Scotland Yard ha solicitado la colaboración de agentes retirados en las tareas de identificación de los violentos para mantener el máximo número de agentes en activo en las calles.

Tras la conmoción social generada por la aparente pasividad policial entre ayer y el sábado, Cameron anunció también que la Policía Metropolitana podrá disponer de vehículos armados con cañones de agua desplegables en menos de 24 horas. Solo la policía norirlandesa disponía hasta ahora de dos unidades de este tipo. Una técnica policial que es, en todo caso, muy poco efectiva para controlar disturbios esporádicos y móviles como los vividos en Londres estos días. Aunque desde el martes tenían la autorización para hacerlo, los antidisturbios no dispararon en ningún momento pelotas de goma para dispersar a los violentos. Por el contrario, la policía permaneció fiel a su cultura de cercanía y no contundencia.

Tal y como había anunciado el primer ministro, esta noche se ha mantenido el despliegue de 16.000 agentes en la capital, y al menos tres juzgados han permanecido abiertos para procesar con rapidez las nuevas detenciones. Pero ayer no fue solo la policía de Londres la que solicitó refuerzos. Según la BBC, las fuerzas de Manchester, de Gloucester, de Avon y de hasta seis localidades pidieron ayuda después de que la violencia se extendiera a otras ciudades de Inglaterra como Manchester, Birmingham, Liverpool o Leeds.
Riesgo de violencia racial

Una vez controlada la situación en la capital, estas otras ciudades se disponían a pasar una segunda noche de disturbios, con especial preocupación por la situación en Birmingham, donde tres vecinos asiáticos que protegían sus comercios fueron atropellados por un coche en la madrugada del lunes al martes. El incidente se produjo cuando unas 80 personas intentaron evitar que un grupo de violentos destrozara una gasolinera. Tras la muerte ayer de estos tres jóvenes, las autoridades han alertado del riesgo de que los disturbios deriven en violencia racial en esta ciudad del norte de Inglaterra. «Las represalias podrían adquirir una dimensión racial muy fea», alertó ayer el Obispo de Aston, Anthony Watson.

En este clima de epidemia de violencia en el país, el primer ministro explicará hoy la situación en el Parlamento, convocado de urgencia en pleno agosto dada la gravedad de la situación. Desde 1948, la Cámara de la soberanía nacional ha sido convocada de urgencia 24 veces, algo que no había ocurrido en los últimos nueve años, hasta que el líder conservador se ha visto forzado a hacerlo hasta dos veces en los últimos meses.

Mientras la oposición laborista permanece en un respetuoso silencio en estos días, la dialéctica política discurre dentro de las filas conservadoras, y en torno al asunto que preside todos los debates: la seguridad en las calles y la policía. El alcalde de Londres, el pintoresco «tory» Boris Johnson —quien, al igual que Cameron, tuvo que cancelar sus vacaciones en Norteamérica—, ha pedido al gobierno que revise sus «delicados» planes de recortar gastos en la policía. Fuentes del Ejecutivo respondieron que estas reducciones eran «gestionables», pero la incapacidad de Scotland Yard de controlar los disturbios sumará más voces a las tesis del alcalde.

La crisis del descontento apela también a los instintos éticos de la sociedad británica, que ve cuestionadas las formas más elementales de respeto al orden y la autoridad. A ello se refirió también David Cameron cuando habló de «partes podridas de la sociedad» y del fracaso de «ciertos padres» en educar a sus hijos en el respeto.

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