Muerte en las barracas

El Correo, 11-08-2011

La rotura de una atracción de feria en el municipio toledano de Villacañas, que causó la muerte de tres jóvenes rumanos y heridas gravísimas a otra muchacha del mismo grupo y nacionalidad, ha vuelto a teñir de luto unas fiestas y a cuestionar la seguridad de este tipo de ingenios. Si es cierto que su progresiva sofisticación plantea los límites del gusto por el riesgo, no lo es menos que tal riesgo debiera ser ficticio – o sumamente remoto – merced a un diseño, montaje y revisión que cumpliese todos los requisitos. Será el informe final de la Guardia Civil, que investiga el caso, el que dictamine si como parece fue el fallo de una soldadura la causa inmediata del siniestro, el más letal de este tipo de los ocurridos en España en varias décadas; pero, sobre todo, si esa o cualquier otra tara podía haber sido detectada a tiempo o si la premura del montaje que relatan los propios vecinos eludió el obligado control. En definitiva, es necesario revisar los protocolos de seguridad de estos artilugios y asegurarse de que las penurias que los feriantes – como tantos otros – padecen por culpa de la crisis no lleva a algunos de ellos a escatimar en seguridad. La vigilancia a cargo de un organismo debe asegurar el correcto funcionamiento de las ‘barracas’ y que quien se monta en ellas pueda hacerlo sin ningún temor. Lo contrario causaría un injusto daño a esos feriantes, la inmensa mayoría, que mantienen sus atracciones en perfecto estado cumpliendo escrupulosamente las normas que regulan esta actividad.

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