El Londres de Baixamar
La Vanguardia, , 10-08-2011La capital del Reino Unido estalla y nos hacemos preguntas sobre el carácter racial y/ o social de los disturbios protagonizados por los jóvenes de las barriadas. Hablo con el tío Baixamar, que, a primeros de los setenta, vivió una temporada en Londres, porque quería ver mundo y no tenía muy claro lo de dedicarse al mar. Mi amigo, que en aquel tiempo llevaba el pelo muy largo, trabajó en una pizzería de la calle Fulham Road, en la intersección entre Chelsea y South Kensington. “Mi trabajo era de camarero – cuenta Baixamar-,pero tenía algunas especializaciones, como limpiar el teléfono del local para que los clientes lo encontraran siempre en perfecto estado (no había móviles) y controlar los lavabos para avisar al mozo si hacía falta; el amo del negocio tenía una obsesión con estas cosas”. En aquella pizzería, según recuerda, había empleados italianos, sirios, marroquíes, pakistaníes y españoles, y el único inglés era un estudiante que no tenía intención alguna de quedarse. Gracias a esta experiencia, el tío Baixamar supo, de golpe, cómo se vivía en una sociedad multiétnica cuando este concepto era totalmente desconocido aquí. Nada que ver con la Catalunya de entonces, muy blanca y oficialmente católica. Él entendió, mientras servía mesas hasta altas horas de la noche, que el Estado de bienestar británico – que después Margaret Thatcher adelgazó notablemente-velaba por los súbditos de Su Graciosa Majestad con un aparente exceso de celo que dejaba sin palabras a los extranjeros: “Un matrimonio español que también trabajaba en la pizzería tuvo una criatura y, a los pocos días del nacimiento, recibió una visita de los servicios sociales para controlar, libreta en mano, si el bebé era atendido de acuerdo con los requisitos que la Administración consideraba imprescindibles; aquellos españoles estaban azorados y un poco ofendidos porque no podían entender que el poder público llamara a su puerta para comprobar que no se olvidaban de cambiar los pañales a su hijo”. Escuchoal viejo pescador y me pregunto si los actuales jóvenes de Brixton, donde el vandalismo es noticia estos días, todavía crecieron bajo este paraguas oficial. Y también me pregunto qué separa la frustración que tiene que ser atendida de la pulsión destructiva que no tiene sentido alguno.Sabemos, desde hace tiempo, que el modelo francés de integración no puede ser imitado. El modelo británico parecía más interesante, aunque descubrimos que no es invulnerable a los discursos extremistas, de la ultraderecha autóctona y de los islamistas radicales. El modelo de los países escandinavos tampoco evita, como hemos visto últimamente en Noruega, la aparición de la barbarie. ¿Qué debemos hacer nosotros? Invertir recursos es condición necesaria pero no suficiente. El resto, lo más sensible, sigue siendo una gran incógnita para cualquier gobernante responsable.
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