LA "BANLIEUE" BRITÁNICA. Españoles residentes en Londres son testigos de los disturbios en sus propios barrios

"Ya no saben ni por qué empezó todo"

La Vanguardia, FÉLIX FLORES - Barcelona , 10-08-2011

La zona comercial de Oxford Circus era ayer un target para las nueve de la noche, según se supo por las redes sociales, y la policía se aprestó a protegerla. A las cinco y media de la tarde los empleados eran enviados a sus casas. Judit Díaz, que lleva tres años en Londres y hace dos meses terminó allí la universidad y encontró empleo en una firma de informática que ha contratado seguridad privada. “Trabajo al lado de Regent Street, y ya el lunes nos mandaron a todos a casa; cuesta llegar, porque el metro se para. Oxford Circus está muy protegido; camino del metro he visto cómo ponían las esposas a dos chavales de quince años”.

Judit vive en St. John´s Wood, una zona tranquila, pero otros residentes españoles se han encontrado estos días – estas noches, mejor dicho-con los disturbios en su propio barrio. Núria Vázquez, investigadora en ciencias políticas en el King´s College, tenía el lunes “cinco coches ardiendo delante de casa; hasta el tercero no vino la policía, que estaba intentando progeger las tiendas en el centro de Ealing Broadway”, en el oeste de Londres. “La policía parecía saber dónde iba a haber algo, porque a las ocho nos echaron del supermercado y a las diez empezó el jaleo”.

Al este, en Hackney, el sevillano Daniel Izquierdo cogió “lo más valioso que tenía y me fui a casa de un amigo. Me retrasé, viendo las noticias, y la calle estaba cercada. A dos manzanas ardía un coche”. Ayer por la mañana, todo estaba tranquilo, sólo vio tres lunas rotas, una de ellos de un local de apuestas. “Cerca de mi barrio, la comunidad turca se cabreó y salieron a darles palos los jóvenes. En zonas donde viven musulmanes, como Whitechappel, no pasó nada”.

En Hackney también vive la arquitecta Ascensión Barranco, que lleva cuatro años y medio en Londres. “Trabajo cerca de Tottenham Court Road, donde están cerrando oficinas”, explicaba ayer. El lunes, “a eso de las siete y media iba en el autobús 73, que es uno de esos que si no quieres no pagas. Hace la ruta de los state council – las viviendas sociales-del norte de Londres. Iba lleno de chicos con la cara tapada, llamando por el móvil y enviando mensajes. La gente les increpaba, pero con cuidado, diciendo qué vais a hacer. Eran chicos sin ninguna educación, se les notaba en cómo hablaban por teléfono”.

Todo el que los tuvo cerca pudo verlo, aunque fueran encapuchados para rehuir las cámaras de seguridad que se instalaron por todo Londres durante el mandato laborista: la mayoría de los alborotadores y saqueadores eran menores, chavales de catorce o quince años, que se iban comunicando sobre la marcha con sus Blackberries e i-Phones para concentrarse en tal o cual sitio.

Según Javier de Llobet, que busca trabajo en Londres, “por el lado positivo, Twitter ha servido para organizar grupos de limpieza, y esta mañana (por ayer) puntualmente se han presentado personas para ayudar a los dueños de las tiendas a limpiar. Esto ha sido especialmente bueno en Clapham Junction, donde estuvieron destrozando todo durante dos horas sin un solo policía presente”. Daniel Izquierdo dice: “Ese ha sido el contrapunto; he visto chicos de 18 años saliendo con palas y escobas a limpiar”.

La sensación de miedo – “porque no sabes si te van a quemar la casa”-o al menos de inseguridad entre estos residentes, la mayoría con tres o cuatro años de estancia en Londres, varía según la proximidad de los focos de marginalidad de los que parecen haber surgido los disturbios. “Aquí la gente se mezcla en los barrios, y creo que es algo positivo, pero…”, dice Daniel Izquierdo. Se trata de barrios mosaico donde “tienes pisos de 600.000 libras al lado de state flats”,viviendas subvencionadas, explica la periodista hispanovenezolana Gabriela Torres, que vive en Pimlico, a dos paradas de metro del controvertido Brixton. Javier de Llobet estuvo en Brixton “el domingo por la tarde porque había un festival callejero, el Brixton Splash, que se celebra precisamente para festejar la parte positiva del barrio. Esa noche hubo enfrentamientos”.

No se puede decir que estos adolescentes que se dedican al saqueo (y a veces tan sólo a la destrucción) estén reivindicando nada. En general no se tiene esa impresión. “Se ha convertido en un cachondeo, ya no saben ni por qué empezó todo”, opina Judit Díaz. Tampoco se sabe si protestan por los recortes sociales y por el desempleo. ¿O sí?

“Los mismos grupos cívicos que convocaron la manifestación del sábado en Tottenham se han desvinculado de todo esto – explica Gabriela Torres-.Hay caos, pero las piezas irán calzando. Es muy complejo aún para valorar qué está pasando. Están diciendo que se trata de criminalidad, pero lo cierto es que han recortado un montón, a los centros sociales, a todo. Si tienes 18 años puedes ponerte a trabajar en verano, pero si no hay trabajo y ves que no lo va a haber, y si en tu casa están en paro…”

“Los padres viven de subsidios que están siendo recortados – señala Ascensión Barranco-.Hay nerviosismo por los recortes y la gente se empieza a manifestar en los barrios. Se nota cómo todo se va deteriorando, y ya veremos qué pasa dentro de cinco o seis meses. El IVA es aquí del 20%, el transporte y los alimentos suben, los salarios están congelados desde hace tres años. No es como en el 2007, cuando yo llegué. Todo se ha vuelto muy duro, el nivel de criminalidad es muy elevado”.

Todos coinciden en que, si la policía no es capaz de detener los disturbios, las bandas organizadas que existen en las barriadas más peligrosas se van a aprovechar de la situación.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)