La ´banlieue´ británica

El caos se extiende por Inglaterra

La policía despliega 16.000 agentes en Londres, 10.000 más que el lunes

La Vanguardia, RAFAEL RAMOS , 10-08-2011

El ejército no ha salido (todavía) a las calles ni se ha decretado el toque de queda, pero Londres fue anoche en la práctica una ciudad en estado de sitio. 16.000 agentes de 30 unidades policiales de todo el país fueron desplegados – 10.000 más que la víspera-para minimizar las dimensiones de una cuarta noche de violencia, y el regreso de una imagen de degradación y caos que se ganó a pulso a principios de la década de los ochenta, al poco de la llegada de Margaret Thatcher al poder, y ahora ha recuperado.

La Cool Britannia ha muerto, sea casualidad o no, coincidiendo con la crisis económica, el hundimiento de las bolsas y los mayores recortes presupuestarios en setenta años.

La muerte en el hospital de un joven de 26 años que el martes por la noche resultó gravemente herido por la policía en los disturbios del barrio periférico de Croydon (sur de Londres) acabó de desatar las alarmas e hizo que se cancelaran las fiestas y vacaciones de todos los integrantes de una Policía Metropolitana desbordada por la magnitud de la revuelta y descabezada tras las dimisiones de sus dos jefes como consecuencia del escándalo de las escuchas telefónicas, con un director y vicedirector provisionales que se han encontrado en la boca del lobo. “Por el momento no vamos a desplegar el ejército”, dijo el primer ministro David Cameron, muy criticado por tardar tres días en reaccionar y suspender sus vacaciones en Italia.

Mientras tanto, y en una especie de efecto copycat (imitación), el pillaje, la quema de vehículos y los choques con la policía se han extendido a otras ciudades del país como Birmingham, Manchester, Liverpool, Wolverhampton, Leeds, Glasgow o West Bromwich; también a barrios deprimidos con elevado índice de paro y delincuencia, paraíso de bandas juveniles y traficantes de droga, donde el respeto al orden y la autoridad son conceptos completamente ajenos. “Aquí los jóvenes no vamos del colegio a la universidad como la gente pija, sino del colegio directamente a la cárcel”, dice Emily, una estudiante de bachillerato.

No todos los protagonistas de los incidentes son delincuentes juveniles. Entre las 32 personas que comparecieron ayer ante los tribunales con cargos de pillaje, hurto, incitación a la violencia, desorden público e incluso intento de homicidio (por empotrar un vehículo en un coche policial con los agentes dentro), figuran un diseñador gráfico, un licenciado universitario, estudiantes de instituto e incluso un voluntario para ingresar en el ejército. Todos ellos tienen en común no sólo el comportamiento violento, sino el desencanto con una sociedad que no les ofrece trabajo, y el que les ofrece es más precario y peor pagado que el de sus padres. Que reduce los beneficios sociales incluso a los más necesitados. Que para ahorrar dinero (el dinero necesario para rescatar a los
bancos), cierra salas de hospitales, centros de ancianos, bibliotecas, polideportivos y piscinas públicas. “No nos queda otra que quemar coches”, ha comentado un adolescente blanco que dice llamarse Timothy.

Cameron, cuyos enteros han bajado desde comienzos del verano tanto como Wall Street, ha convocado mañana a una Cámara de los Comunes que estaba de vacaciones, a fin de mostrar que todos los brazos del poder “están unidos y firmes en la campaña para acabar con esta locura criminal y unas imágenes que revuelven las tripas, devolver la tranquilidad a las calles de Londres y reconstruir las comunidades afectadas”. “Si los autores de estos desmanes son lo bastante mayores como para cometerlos, también son lo suficientemente mayores como para enfrentarse a la justicia y a sus consecuencias”, proclamó el líder tory.Su ministra del Interior, Theresa May, dijo en la misma línea: “Lo que estamos padeciendo es delincuencia pura y dura, y como tal va a ser tratada”. Muchos piensan que las cosas no son tan sencillas.

La sensación de caos ha sido alimentada por el cierre de pequeños comercios, cadenas de tiendas, grandes almacenes, estaciones de metro y de tren, líneas de tranvía y autobús, por el enorme absentismo laboral (muchos prefieren tomarse días de fiesta y no salir a la calle), y por la cancelación del partido amistoso de fútbol que las selecciones de Inglaterra y Holanda tenían que jugar hoy en Wembley, ante la impotencia de Scotland Yard para impedir que los hooligans se unieran a los alborotadores juveniles.

Un informe forense y balístico ha concluido que Mark Duggan, el delincuente cuya muerte el jueves pasado en Tottenham fue la espoleta de los más violentos disturbios en tres décadas, no efectuó ningún disparo. La policía ha sido pillada con el paso cambiado, igual que en las protestas contra la subida de las tasas universitarias o contra el G-20 de hace un par de años, cuando Ian Tomlison, un vendedor de periódicos, murió tras ser zarandeado y golpeado por un agente de las fuerzas especiales. Tras los atentados de julio del 2005, y en otra muestra de abuso de la fuerza, el electricista brasileño Charles de Menezes fue acribillado a tiros en la estación de metro de Stockwell.

En un intento de recuperar la iniciativa, Scotland Yard va a difundir los vídeos con imágenes de televisión en circuito cerrado que muestran algunos de los incidentes, con la intención de que familiares y vecinos identifiquen a los protagonistas y los denuncien. Su portavoz, Stephen Kavanagh, no descarta la utilización de balas de goma – una práctica a la que las autoridades tienen alergia-si continúa la violencia. De los casi 600 detenidos, contra más de un centenar se han presentado cargos. Dieciocho permanecen bajo custodia. También la capacidad de las autoridades para restaurar el orden.

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