LA REALIDAD EN LA CALLE
Distritos duros
Tottenham y otros barrios londinenses arrastran problemas endémicos que los recortes sociales han agravado ahora La violencia no es una novedad en estos vecindarios
El Periodico, , 09-08-2011Frente a un edificio de los años 30 que deberá ser derribado puesto que solo se conserva la estructura aún humeante, se juntan los vecinos de Tottenham, un barrio humilde del norte de Londres bien comunicado con el centro. Como en Tottehham, la violencia ha prendido en Brixton, Hackney o Einfield, otras barrios urbanos deprimidos, zonas duras que arrastran desde hace años un montón de problemas agravados ahora por la crisis económica y las tensiones generadas por los recortes sociales.
Tottenham, en el norte de Londres, es desde los años 70 un barrio problemático. Los disturbios no son una novedad en este vecindario multiétnico, de bajo nivel económico y altas tasas de desempleo. En 1985, una manifestación pacífica acabó también con violentos enfrentamientos con la policía y la muerte de un agente. Entonces, la violencia se desató también por la muerte de una joven a manos de la policía y el incidente puso de manifiesto las tensiones entre la comunidad negra de la zona y las fuerzas de seguridad, un problema que ya se consideraba erradicado.
Diversidad a la vista
La diversidad racial de Tottenham salta ahora a la vista. En sus calles repletas de pequeñas tiendas y en edificios degradados conviven personas de origen caribeño, asiático, de Oriente Próximo, judíos ortodoxos e ingleses blancos.
El barrio arrastra la reputación de ser «una zona un poco turbia », cuenta Kate, de 33 años que lleva en brazos a su hija aún bebé. «Se dice que hay drogas, pero llevo un año ya viviendo aquí y tampoco hay para tanto». Cuenta esta mujer que la mayoría de gente es trabajadora pero que últimamente se han instalado también profesionales liberales.
Los recortes gubernamentales en las prestaciones sociales han agravado los problema de barrios como este. También el desempleo ha aumentado por los despidos en el sector público y al estado de abandono que presentan los edificios de protección oficial se suman las amputaciones que han sufrido los servicios a la juventud.
«Hay pocos centros para jóvenes y muchas casas de apuestas y licorerías», resume Kate. Las guerras entre bandas son también frecuentes en el barrio. Maho (es un alias), de 18 años, no había nacido aún cuando ocurrieron los disturbios de 1985 pero no duda en afirmar que «esto sigue siendo duro» .
“Hace 5 minutos he visto un atraco, y esto es día sí día no» , resume.
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