DAVE HILL
Tiempos inquietantes
El Mundo, , 09-08-2011No sé qué se podría haber hecho para evitar el estallido de resentimiento y criminalidad de Londres. Sin embargo, sé que aunque los primeros fuegos han sido sofocados, las brasas en Tottenham siguen calientes. Podríamos estar ante la primera de una larga serie de enfrentamientos veraniegos en la capital británica.
Opinar tan pronto sobre los eventos de los últimos días puede resultar peligroso e irresponsable; no obstante, de momento contamos con la evidencia de la realidad contemporánea que nos da una base para mirar hacia el futuro con preocupación.
Tottenham es el corazón del municipio de Haringey, donde más de 10.000 personas están en el paro. Las estadísticas estatales indican que 54 candidatos compiten por cada oferta de empleo que surge en la zona. El paro y las subculturas asociadas con la pobreza endémica están cada vez más arraigadas en el barrio.
Entretanto, el Gobierno ha abandonado los planes de convertir Tottenham y el cercano distrito de Edmonton en una zona especial de actividad empresarial y financiera. La última esperanza del barrio la comercialización y regeneración de White Hart Lane está en riesgo porque el club de fútbol Tottenham Spurs plantea abandonar este núcleo obrero.
Pese a la pequeña mejora en los datos de criminalidad entre junio de 2010 y este año, la totalidad del municipio de Haringey ha experimentado un aumento de robos (de 884 a 1.204); Edmonton, justo al otro lado de la frontera municipal con Enfield, es ahora conocido por ser el escenario de gran número de apuñalamientos entre adolescentes que han tenido lugar en sus calles durante los últimos años.
Los recortes presupuestarios han obligado a Haringey a cerrar ocho de los 13 clubes juveniles. Por si fuera poco, también está previsto que se reduzca el número de policías locales en la zona.
En semejante contexto, poco sorprende que la muerte de Mark Duggan a manos de la policía londinense el pasado jueves haya servido como excusa para que algunas personas abandonaran todo respeto que pueden haber tenido a la ley y hacia la propiedad de sus conciudadanos.
¿Se podría haber evitado lo peor? ¿Podría haber anticipado la policía o la Comisión Independiente de Quejas Policiales semejante situación y evitado esta explosión de furia popular? No lo sé.
De lo que sí estoy convencido es que la situación actual es de una tormenta perfecta de resentimiento y criminalidad que fácilmente podría seguir explotando en otras partes de Londres en cualquier momento. Vivimos tiempos inquietantes.
Dave Hill es un novelista, bloguero y redactor del diario británico The Guardian.
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