EL IMPACTO DE LA MATANZA NORUEGA EN ESCANDINAVIA La masacre de Anders Breivik se vuelve contra la extrema derecha escandinava y le obliga a moderar el tono

El triunfo de la reflexión

La Vanguardia, GLORIA MORENO - Copenhague. Servicio especial , 08-08-2011

Todavía sacudida por el luto, la sociedad noruega empieza a prepararse para las elecciones municipales del próximo 12 de septiembre. La matanza a sangre fría de 77 personas el pasado 22 de julio obligó a retrasar el comienzo de la campaña, que finalmente empezará el sábado que viene. Es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que el país vive una tragedia como esta, y nunca como hasta ahora su clase política se había sentido tan unida. Para demostrarlo, todos los partidos sin excepción han decidido olvidar sus antiguas rencillas y darán el pistoletazo de salida de la campaña todos juntos en un mismo acto. Este gesto se convierte en todo un símbolo del nivel de reflexión y reconciliación social que ha provocado el atentado, justo lo contrario de lo que se proponía el asesino.

Tras perpetrar la masacre, Anders Breivik confesó que su intención era causar el mayor daño posible al Partido Laborista del primer ministro Jens Stoltenberg. En su arrebato de odio, se llevó por delante la vida de decenas de jóvenes de este partido, entre ellos quince candidatos a las próximas elecciones. Su objetivo era castigarles por impulsar la inmigración y haber permitido la entrada al país de miles de musulmanes. Sin embargo, no sólo no ha logrado destruir a los laboristas sino que incluso ha disparado su popularidad.

Según los sondeos publicados tras los ataques, la formación socialista supera el 40% en intención de voto, un resultado que si las elecciones se celebraran hoy sería el mejor que obtiene este partido desde 1985. A ello se suma el alto grado de aprobación con que los ciudadanos valoran el modo en que Stoltenberg ha gestionado la crisis, que se sitúa por encima del 90%. “Existe un claro contraste entre Stoltenberg y Aznar tras el 11-M”, destaca el politólogo de la Universidad de Bergen Frank Aarebrot. “En medio de unas circunstancias muy similares, el presidente español siguió insistiendo en la pista de ETA aun cuando todo indicaba lo contrario”. Stoltenberg, en cambio, “no quiso decir nada hasta tener pruebas”.

Muchos analistas han resaltado la talla de estadista del mandatario noruego, que no sólo no ha querido politizar el ataque sino que incluso ha hecho un importante llamamiento a la unidad nacional al pedir a los medios que eviten iniciar una caza de brujas contra quienes defienden opiniones contrarias a la inmigración, en una clara alusión al Partido del Progreso. Esta formación lleva años advirtiendo sobre la “progresiva islamización” de la sociedad noruega. Breivik fue miembro de este partido entre 1999 y el 2004, aunque acabó marchándose precisamente porque no lo consideraba lo suficientemente radical. Ahora, el atentado ha puesto al partido en el punto de mira y arroja serios interrogantes sobre el papel inspirador que algunos de sus discursos han podido tener en la creación de un ambiente ideológico hostil al islam.

“Es posible que más gente vote contra quienes han defendido posturas antiinmigrantes”, señala el analista Lars Svåsand. Según las últimas encuestas, de hecho el Partido del Progreso ya habría empezado a perder puntos. “Si el ataque lo hubiera cometido un fundamentalista islámico, seguramente este partido habría registrado un gran apoyo. Sin embargo, dadas las circunstancias, ahora no les quedará otro remedio que cambiar de tono”.

Su líder, Siv Jensen, se ha percatado de ello y ha reconocido que, si bien su partido no renunciará a seguir hablando de inmigración, la retórica en este tipo de discusiones “sí tiene que cambiar”. Sus palabras, que han tenido una muy buena acogida en Noruega, no han gustado a sus correligionarios daneses, cuya líder, Pia Kjærsgaard, considera la rectificación de Jensen como algo “completamente equivocado”.

En los últimos años, el Partido Popular Danés se ha convertido en el gran abanderado de las políticas antiinmigración en Escandinavia. Esta formación lleva desde el 2001 brindando su apoyo externo a la coalición liberal-conservadora que gobierna en minoría. Gracias a esta posición privilegiada, los populistas han conseguido aprobar las leyes de inmigración más severas de Europa. No por nada el mismo Breivik elogia la rígida política de extranjería danesa en su manifiesto.

Esta referencia explícita del asesino así como la atrocidad de sus ataques han hecho que, por primera vez, los populistas daneses se sientan bajo presión. Dinamarca celebrará elecciones generales antes del 12 de noviembre y lo más probable es que la campaña se centre en asuntos económicos. Tras lo ocurrido, sin embargo, el debate sobre la necesidad de moderar el tono en temas de inmigración ha irrumpido con fuerza y los expertos no dudan de que, a la larga, el Partido Popular Danés no va a tener otra opción que moderar su discurso.

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