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Bienvenidos al mercado de La Blanca

Vitoria se inunda de olores, sabores, colorido y texturas para recibir tres ferias repletas de ofertas que copan la atención de grandes y pequeños

Diario de noticias de Alava, texto cristina carpintero, 07-08-2011

Los comerciantes del zoco árabe, las paradas de alimentación y artesanía tradicional de la Plaza General Loma y los puestos del Paseo de la Senda llenan Vitoria de colores, olores, sabores y texturas durante los días de fiestas. La crisis no es excusa, y estos mercados continúan recibiendo visitas de curiosos y compradores habituales que se acercan cada año a los mismos establecimientos.

La Feria de Gastronomía y Artesanía Popular, que se celebra cada día de fiestas entre las 11.30 y las 15.00 horas, goza de una ubicación privilegiada para exhibir ante el público la calidad de sus productos. Desde la pequeña plaza vecina a la Virgen Blanca los orfebres, pasteleros, panaderos y tejedores de siempre, dan muestra de la buena calidad del género expuesto. No desisten estos artesanos, quienes se afanan un año más en vender todas las existencias que han traido hasta Vitoria desde localidades colindantes a la capital alavesa.

Muchos de ellos ya son caras connocidas para los que hasta allí se acercan, y es que desde el otro lado del mostrador aseguran que muchos de los que van a la feria son asiduos a puestos concretos. “Hay gente que ya nos conoce de otros años, sabe cómo son nuestros productos, y confía en nosotros una feria tras otra. Aún así, tambien nos encontramos con muchas personas que están de paso. Este año se nota el incremento de extranjeros y forasteros, quienes suponen aproximadamente un 20 o 30% de nuestras ventas”, asegura Pedro Agirrezabal desde el puesto de embutidos.

Eneko, en su parada de platería, no se muestra tan optimista como su vecino en la hilera de pequeñas casetas convertidas en comercios. “Hoy es el primer día que vengo, pero aunque la gente para mucho para curiosear, esta feria no es muy importante para la artesanía”. “Lo que más vendo son pendientes de plata con piedras de amatista, turquesa o sólo de plata”, comenta el artesano.

No muy lejos de allí, y con un aire bien distinto, nos topamos con el Mercado de Artesanía del Paseo de la Senda, donde podemos encontrar desde pendientes y pulseras de cuero hasta cuadros y pinturas procedentes del mismísimo Caribe. Variedad de materiales y productos en los que los comerciantes se escudan para intentar hacer su propio agosto durante las fiestas y los dias previos a las mismas.

De esposo cubano y raices vitorianas, Patricia atiende a los clientes que se acercan hasta su puesto de pintura típica cubana y joyería hecha con cubiertos con esmero. “Vivimos entre Cuba y España, y así traemos las pinturas de mi marido y de algunos compañeros suyos”, asegura. “El nuestro es un puesto un poco especial porque tenemos un producto un poco más caro que el resto, y la gente que ve nuestros cuadros o los pendientes se lo tiene que pensar bastante”.

Charo González, desde su puesto de Pintatelas, en el que ofrece camisetas pintadas a pincel de manera totalmente artesanal, vaticina una feria un poco más floja que otros años. “La gente se acuerda del puesto de un año para otro, y también hemos notado el incremento de ventas desde que estamos en esta nueva ubicación”. Charo lleva cuatro años participando en este mercado y en el primero de ellos tuvo que ubicarse en la zona del Paseo de la Música, lo que ella denomina “zona de sol”. “Aquello no tendría ni que existir porque es un abuso, siempre hace muchísimo calor y las actuaciones de calle que se organizan en esa parte del mercado tapona los accesos, y todo esto repercute muchísimo en las ventas”, expresa la artesana, mostrando su descontento.

José Luis Ortega tiene uno de los puestos más tradicionales del mercado, en el que encontramos joyería en cuero como pulseras y collares. A pesar de que las ventas en su puesto no van mal del todo, se sube al carro de los pesimistas y no duda en afirmar que “los artesanos de este mercado somos el último eslabón del dinero, porque sólo recibimos lo que le sobra a la gente, ya que no vendemos cosas que sean necesarias, como la ropa o el calzado de diario”.

La Plaza de Juan de Ayala, por su parte, parece haberse transformado por arte de magia en un zoco árabe de cualquier país magrebí. Alimentación y artesanía aúnan fuerzas para dar a los vitorianos lo mejor de sí mismas en un ambiente con olor a incienso, tapices de colores y ropajes con detalles dorados.

En este mercado se nota cierto incremento en la afluencia de público. Amado del Campo, desde su rincón de quesos de alta gama, dice haber visto un poco más de gente pero que las ventas fueron muy parecidas a las del año anterior. También asegura que “puede ser casualidad, pero parece que hay más turistas, al menos por esta zona, y eso implicaría un dato positivo, ya que no es sólo beneficioso para nosotros, sino para toda la ciudad”.

Selma Yahid, en su puesto de té y dulces típicos de Argelia, se muestra muy optimista en cuanto a cómo están yendo las cosas este año. “Parece que hay más paradas, más espectáculos y eso trae más gente. También se están interesando más en la procedencia de los productos y en comprarlos, así que, aunque tan sólo llevemos dos días, notamos cierta mejoría en cuanto a otras veces que hemos venido”, dice la joven. “También hemos notado que hay más catalanes, valencianos, franceses e ingleses”.

LOS PRECIOS SE MANTIENEN. Si hay algo en lo que la mayoría de artesanos y comerciantes de estas ferias y mercados quieren hacer hincapié es la congelación de los precios desde hace años. “Clientes de años anteriores que vuelven para comprar de nuevo recuerdan que el precio por pieza de queso sigue siendo el mismo, y eso lo agradecen mucho”, dice el quesero extremeño del zoco árabe. El jamonero de la Plaza General Loma asegura que en lo que a él respecta lleva “cuatro años sin subir los precios. Es una ruina, pero qué se le va a hacer”.

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