La bella durmiente
La Verdad, , 07-08-2011Era la segunda vez que los vecinos llamaban a la policía. En una primera ocasión los agentes habían espantado a tres hombres que se encontraban de madrugada molestando a gritos en plena vía pública frente a la portería de un inmueble. Al abandonar el coche patrulla el lugar, los individuos habían vuelto a las andadas para seguir con el escándalo, vociferando borrachos como cubas sin respetar el descanso del vecindario. Al regreso de los policías, el grupo se disipó de inmediato, mientras uno de ellos permanecía titubeando sobre la acera, con una litrona en la mano y el discurso pastoso de quien anda buscando bronca. Los agentes, después de identificarle con paciencia y mano izquierda, consiguieron averiguar que el beodo vivía en dicha portería y que su mujer se encontraba durmiendo en la vivienda, ajeno a los devaneos del esposo. Era ya tarde cuando se llamó al timbre para intentar que la mujer pudiera hacerse cargo de su pareja.
Lejos de atender a la situación, la bella durmiente, alarmada, bajó a la calle en pijama y empezó a reprochar a gritos la actuación de los agentes que, al parecer, no entendían que su príncipe azul estaba totalmente ebrio y que en esos casos era mejor dejar que hiciera lo que le viniera en gana y no andar buscándole las cosquillas. El borracho, que parecía ausente durante el intercambio de explicaciones, se abalanzó de pronto sobre ella para propinarle un puñetazo certero en la boca y otro que le alcanzó una ceja de la que empezó a salir sangre a borbotones.
Mientras los policías reaccionaban intentando reducir al púgil para proceder a su detención, la mujer se agarró fuertemente al cuello de su amado para gritar: «¡Racistas ! ¡Sois unos racistas! No se lo lleven… No quiero que se lo lleven».
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