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Más allá del racismo

La Voz de Galicia, 01-08-2011

N os sorprende la noticia sobre los atentados de Oslo al regreso de nuestra excursión al desierto de Wadi Rum. Alojados en la sofocante ciudad de Aqaba, el puerto jordano en el que el tiempo parece suspendido en una densa nube de vapor, asistimos una vez más con estupor a la barbarie asesina de un ser humano, intentando discernir por la información de los diferentes canales internacionales qué es lo que realmente ha sucedido en la, hasta ahora, considerada capital de la paz.

La primera preocupación de la mayoría de mis compañeros, casi todos iraquíes en la diáspora, es determinar la autoría de semejante atrocidad. Saben que si el criminal fuera árabe o musulmán, una vez más los ojos del mundo se posarían sobre Oriente Próximo cuestionando la voluntad pacifista y democrática de la mayoría de la población. Que el asesino confeso, pero no arrepentido, sea un noruego neofascista y partidario de la limpieza étnica no resta gravedad al atentado. De nuevo la vulnerabilidad de aquellos que creemos, defendemos e intentamos vivir en paz y armonía en cada esquina del planeta toma forma en la muerte absurda de jóvenes que disfrutaban de un campamento de verano o de funcionarios en su lugar de trabajo.

Breivik ha logrado su macabro objetivo: llamar la atención sobre el creciente rechazo de la población europea a los extranjeros que llegan a sus países, obtienen grandes beneficios sociales, logran trabajo y educación para sus hijos, pero no se integran en la sociedad ni parece interesarles hacerlo, sino que, por el contrario, intentan imponer un respeto para sus culturas y tradiciones sin acatar la legislación del país receptor. No es un fenómeno aislado, sino la punta del iceberg de un movimiento que, hasta ahora, por fortuna, no se había mostrado en toda su crudeza. Este baño de sangre debe recordarnos que, al igual que la mayoría de los europeos no somos racistas, tampoco todos los musulmanes son radicales y odian a los occidentales, y que el origen del criminal no debe manchar a todos sus conciudadanos. Estos días todos somos noruegos.

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