puente humanitario a áfrica
La esperanza llena el campo de Dadaab
El recinto keniano acoge a 450.000 refugiados que huyen del hambre, la sequía y la guerra desde somalia
Diario de Noticias, , 28-07-2011Mujeres como Jija, que llegó hace pocos días a Dadaab (este de Kenia) tras 15 días de camino desde la localidad somalí de Sako, hace fila para registrarse y, si tiene suerte, obtener su primera ración de productos de primera necesidad con los que tratará de atender a sus hijos, el más pequeño de ellos, colgado de su cuerpo.
Jija huyó de Somalia por la guerra y la sequía – la peor durante los últimos 60 años en el Cuerno de África, según la ONU que afecta a unos 11 millones de personas – , y su marido se quedó en el país, aunque la mujer no especifica para qué menesteres.
“Mires donde mires, ves mujeres y niños”, dice Bettina Schulte, responsable de comunicación del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Dadaab. El campo ha pasado a recibir un flujo constante de unos 1.300 refugiados nuevos al día en las últimas semanas.
Construido en 1991 tras la caída del dictador somalí Siad Barré, y diseñado para acoger 90.000 personas, según fuentes de ACNUR esta semana superó la cifra de 450.000 habitantes.
“Hace unos días, un medio estadounidense publicó un reportaje sobre el campamento que se llamaba Los hombres perdidos y es cierto… ¡No se ven hombres!”, agrega Schulte.
De acuerdo con las cifras facilitadas por ACNUR, más del 80% de los somalíes que escapan del hambre y la guerra son mujeres y niños.
Algunos de los padres de los niños que llegan a diario a las puertas de Dadaab murieron en el eterno conflicto de Somalia, otros fueron secuestrados por el grupo radical islámico Al Shabab, vinculado a Al Qaeda, para luchar por su causa – instaurar un Estado musulmán en ese país – y los menos, como el marido de Asha, apenas pueden moverse debido a una minusvalía.
violaciones a mujeres La ausencia de hombres hace más vulnerables a las mujeres, pues, según un reciente informe de la ONG Care International, las violaciones – durante la larga travesía hacia Dadaab – y la violencia sexual entre los refugiados se ha cuadruplicado, con 358 casos denunciados en el primer semestre de 2011, por 75 del mismo período de 2010.
Pero, según una cooperante, “las mujeres son las que sacan adelante a la familia”.
Shuqriya cumple también los requisitos del perfil común de refugiada en el campo de Dadaab, adonde vino tras perder todo su ganado: “En el camino – comenta – sólo encontré hambre”.
Su hijo Abdisalam, que presenta una malnutrición grave, apenas parpadea durante la entrevista con ayuda de un intérprete somalí, en una cama de uno de los hospitales que la ONG Médicos sin Fronteras tiene en Dadaab.
“¿Que cuál es mi sueño?”, se pregunta Asha, tumbada junto a su hijo menor en un centro médico de Cruz Roja en el campamento de Ifo, uno de los tres que conforman Dadaab. La respuesta es la aspiración de cualquier madre refugiada en este rincón del planeta: “Que mi hijo mejore y pueda tener acceso a suficiente comida y una casa”.
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