Los monstruos de la sinrazón

La Verdad, MANUEL MARÍA MESEGUER, 28-07-2011

:: JOSÉ IBARROLA

Durante unas horas la blogosfera europea se paralizó ante la evidencia de que lo que se sospechaba como matanza islamista en Noruega y que agitó la Red con gritos xenófobos de venganza se trataba en realidad de la acción de un noruego ‘de libro’: rubio, 1,92 de estatura, ojos claros y semblante sereno y levemente risueño como si hubiera cumplido satisfactoriamente una orden celestial. Un monstruo disimulado. Cuando se conoció además su adscripción a la extrema derecha, al fundamentalismo cristiano y a una militante aversión contra el Islam y el multiculturalismo, los foros comenzaron a vibrar. La prensa francesa destacaba el sentimiento entre la cólera y la admiración de lo que allí denominan la ‘fachosfera’. Algunas propuestas de blogs radicales llegaron a tener cerca de 5.000 comentarios en apenas unas horas. Recuperados del brutal cambio de asesino, avanzaban teorías conspirativas mechando los datos más absurdos y lamentando que se tratara tan mal al muchacho rubio en contraposición a los paños calientes que se aplican a los terroristas islamistas. Es de suponer que el asesino confeso Anders Behring Breivik haya subido un peldaño más en la consideración de sus adeptos al conocerse el batiburrillo de su ideario en el que el Cid Campeador se da la mano con los templarios, éstos con los masones, todos contra Zapatero, el hombre que permitió la entrada islámica en Europa y posiblemente culpable de ese enloquecido proyecto de Eurabia, pactado en secreto, aseguran, por líderes árabes y europeos para recluir definitivamente el cristianismo a las catacumbas de donde nunca debió haber salido. En fin, la salsa xenófoba y racista de que se nutren los extremismos se hace más espesa conforme desaparece la cultura del individuo y su raciocinio. No es probable que ninguno de los grupos populistas y xenófobos de la Europa actual, los que influyen en Holanda, en Finlandia, en Suecia, en Italia, en Francia, en Reino Unido, en Austria o en Hungría, dejen de repudiar formalmente el doble atentado del noruego Breivik por mucho que las ideas de las que alardea tengan cabida en determinados grupúsculos extremistas de toda Europa, lo que no los convierte automáticamente en exterminadores. Pero el caldo de cultivo está ahí.

Con la acreditada lucidez que ha acompañado sus libros sobre España y su contienda civil, el historiador Paul Preston admitía que en España las posturas entre la derecha y la izquierda se enconaban de día en día hasta el punto de que le hacía recordar algunos encontronazos de la Guerra, si bien se apresuraba a declarar: «Hay un público para eso (para jalear ideas de extrema derecha). Pero que haya un público dispuesto a pasar del odio al exterminio, creo que no, eso no lo hay».

El auge del extremismo de derechas en tierra europea con claras raíces xenófobas y la conversión del ‘enemigo judío’ de los años treinta del siglo pasado en el ‘enemigo musulmán’ de ahora viene siendo puesto de relieve desde los atentados de Al Qaeda contra las Torres Gemelas, los de los trenes de cercanías de Madrid y los del Metro de Londres, con el añadido los efectos de la crisis económica. Los servicios secretos de toda Europa han puesto en el punto de mira cualquier movimiento que conduzca al fundamentalismo islamista y han tolerado los grupos extremistas nacionales en el convencimiento de que pueden ser un parapeto al primero, desoyendo de paso el tremendo ruido que ocasionan en Internet. Es sin embargo obvio que sigue vigente el singular ‘Capricho’ de Goya titulado ‘El sueño de la razón (o sea, la sinrazón) produce monstruos’ por mucho que se consideren tocadas por el dedo de Dios estas angelicales criaturitas.

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