pedro g. CUARTANGO

Escandinavia produce sus monstruos

El Mundo, , 27-07-2011

NO HAY acto humano carente de significado. Por tanto, por muy monstruoso que nos parezca el asesinato masivo cometido por Anders Breivik, debemos hacer el esfuerzo intelectual de entenderlo.

Se ha escrito que Breivik es un loco, un paranoico, un fanático y cosas así. Pero ello no explica por qué una persona de familia acomodada, de agradable apariencia física, con una buena educación y un elevado nivel de vida coge un fusil de asalto y ametralla a decenas de adolescentes indefensos.

Lo más revelador de la personalidad de Breivik es su falta de compasión hacia las víctimas y su posterior declaración de que la masacre era «necesaria». ¿Necesaria, para qué? El odio que trasciende de la conducta de este joven noruego tiene, sin duda, mucho que ver con unas relaciones conflictivas con sus padres y, más en concreto, con una falta de afecto que él sublima en resentimiento contra el prójimo.

Todos los perfiles resaltan que fue abandonado por su padre, que tuvo una infancia muy complicada y que era un ser solitario e incapaz de comunicarse con los demás.

Tipos así abundan en las películas de Ingmar Bergman y en las novelas de Mankell y Larsson, en las que aparecen criminales compulsivos que matan para liberarse de demonios que no pueden controlar.

Hay un autor noruego de 50 años, llamado Jo Nesbo, que cuenta en Petirrojo la historia de un psicópata que degüella a sus víctimas y las deja marcadas con carmín rojo. El detective Harry Hole viaja al submundo del nazismo de Oslo para descubrir al asesino.

Lo que cuenta Nesbo en su novela es muy parecido a lo que ha sucedido en la realidad, al igual que Dostoievski anticipa en Los demonios los acontecimientos de la Revolución Rusa. Ello pone de relieve que algunos escritores son capaces de captar lo que los políticos, los periodistas y los sociólogos no son capaces de ver. Nesbo se dio cuenta del potencial destructivo que latía bajo la aparente prosperidad de la sociedad noruega y escribió una obra que era un aviso.

Lo que nos transmiten cineastas como Bergman y escritores como Nesbo y Mankell es que existe un fondo de insatisfacción que empuja hacia el abismo a personas que aparentemente son felices, han triunfado profesionalmente y gozan de un elevado bienestar material.

El protagonista de La vida de las marionetas, film de Bergman, es un empresario que sueña con matar a su mujer y acaba asesinando a una puta, lo que le produce la sensación de quitarse un inmenso peso.

Cada sociedad produce sus fantasmas y sus patologías criminales, por lo que creo que Anders Breivik es un monstruo incubado en la Noruega de la prosperidad del Estado del Bienestar y el igualitarismo.

La chocante paradoja es que este frío e implacable asesino es el fruto de una esmerada educación luterana y de una cultura de lo políticamente correcto, que genera el índice de suicidios más alto del mundo y gentes como Breivik. Por eso es tan buena la novela negra nórdica.

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