Cónsul y señor de la limpieza
Camarero en un hotel de Eilat, este emigrante que llegó como ilegal hace seis años es, desde la creación de su país, diplomático de Sudán del Sur en Israel
El Mundo, , 19-07-2011Los turistas le saludan antes de bajar a la piscina sin tener la más remota idea de quién es el que limpia sus cuartos en un hotel de la ciudad de Eilat. A simple vista, uno más de los miles de refugiados africanos infiltrados en Israel en busca de una oportunidad. Error. Detrás del camarero de hotel se esconde un diplomático sin carrera. Bith Thiyang ejerce de cónsul de Sudán del Sur. El nacimiento del país 193 de la ONU le ha resucitado.
Como Superman, el cambio de ropa marca dos fachadas y vidas radicalmente diferentes. Aunque sin meterse en una cabina, Thiyang se quita el uniforme hotelero para ponerse el traje y la corbata que requiere un cargo que él ha creado. «Ayudo a mis compatriotas en Israel. Si mi Gobierno lo desea, seré su embajador», nos dice en Tel Aviv.
Para su desgracia, la independencia con la que ha soñado desde niño ha caído en temporada alta con lleno hotelero. De ahí que no falte a su cita laboral matutina. Acontecimientos históricos al margen, necesita dinero para llegar a fin de mes. Mientras cambia toallas y hace las camas, planea arreglar los problemas de los suyos. Desde los que se infiltran ilegalmente desde Egipto, como él hace seis años sorteando las balas de los policías egipcios, hasta los que temen ser detenidos en Israel.
«Estoy muy feliz porque por fin tenemos libertad pero en mi país faltan infraestructuras, tiendas, hoteles. Empezamos desde cero. He pedido a los empresarios israelíes que vengan. Que sepan que será su segunda casa», cuenta Thiyang que ha montado su modesta oficina en el kibutz donde reside. «Aquí se vive muy bien. Los sudaneses del Sur amamos a Israel», reitera.
Le recordamos que el ministro de Interior, Eli Ishai, exige que se vayan a su país cuanto antes. «Israel es la única democracia y nos ha tratado bien. Como cristianos creyentes, lo consideramos sagrado. El nombre de Israel fue creado por Dios. El pueblo judío es el que más amamos, quizás también porque tenemos el mismo enemigo que nos odia», contesta. Israel invertirá en agricultura, sanidad y seguridad del socio africano.
Thiyang, de 35 años, echa de menos a su familia. Hay mucho que añorar: más de 30 hermanos, hijos de su padre que se casó con cinco mujeres. Sonríe al confesar que él tiene dos esposas esperando. El refugiado-camarero de hotel-diplomático se despide. No quiere perder el autobús a Eilat. En el viaje, se echará una cabezadita imaginando un futuro próspero y, si es posible, con limusina, chófer y orgullosa bandera.
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