«La emigración en Israel más que problema es ironía»

Eran Riklis estrena 'El viaje del director de recursos humanos'

El Mundo, LUIS MARTÍNEZ, 17-06-2011

«Si te tomas demasiado en serio acabas en lo peor: el aburrimiento. El humor da sentido al drama y eso es así desde Shakespeare». Eran Riklis no es humorista. Es más, por sus películas pasean terroristas suicidas, viudas expoliadas, novias ensangrentadas, emigrantes desesperados… Es decir, Shakespeare, pero en Israel. Su último trabajo, El viaje del director de recursos humanos, que se estrena hoy, es un buen ejemplo. La cinta cuenta el improbable recorrido de un hombre de negocios empeñado en limpiar el buen nombre de su empresa. Tiene que transportar el cadáver de una empleada, fallecida en atentado, desde el Tel Aviv que la acoge como emigrante a su Rumania natal. Suena disparatado y, en efecto, lo es. Genial y cómicamente cruel. Es decir, Shakespeare.

Cuenta Riklis, y lo hace con una media sonrisa tatuada en el rostro, que la idea de la película era poner cara, ojos y nombre «a la gente que nunca vemos». Lo dice en relación a la extraña situación de los emigrantes en un país de inmigración. «Por primera vez, en Israel tenemos emigrantes como cualquier otro país del mundo. No son judíos, no vienen a formar parte del Estado, sino a trabajar. Y sufren el mismo rechazo que en cualquier esquina del planeta. No deja de ser una complicación algo cínica que los judíos, que se han pasado toda su historia perseguidos y como emigrantes no deseados, ahora pasen ellos a desempeñar ese papel. Más que un problema, la emigración en Israel hoy es una ironía», dice y, como era de esperar, se ríe.

Para este israelí de 57 años, autodefinido progresista, y que luchó en la guerra de Yom Kipur, lo que ocurre en su país es más que grave. «Es muy peligroso». «El problema de Israel es creer que todo lo que pasa a su alrededor no tiene nada que ver con él. Cuando en la vida decides no moverte, no escuchar, no hacer nada… tienes un problema. Te conviertes en un vegetal. Bien es cierto que todo lo que está pasando tanto en Egipto como en Siria y Libia, de momento, es una incógnita, pero, por parte de Israel, no se escucha ni una sola propuesta. Definitivamente, necesitamos a un líder que reactive la situación del mismo modo que Obama lo ha hecho en Estados Unidos». Y dicho lo cual, y contra todo pronóstico, se declara… ¡optimista!

«No ponga esa cara. Hace dos días he presentado mi película en El Cairo, en el mismo sitio en el que luché hace 30 años. ¿Quién me iba a decir que cualquier vestigio de guerra desaparecería tan pronto?», dice, se toma un segundo y pide permiso: «Déjeme que me ponga la gorra de la ingenuidad. Todas las luchas, sean religiosas o políticas, al final tienen una sola causa: la economía. Si se mira de cerca, no queda otra que reconocer que Oriente Medio, de no haber guerra, tendría suficientes recursos tecnológicos y de materias primas para ser un potencia mundial». ¿Si se mira de cerca? «Sí, eso es lo que cuenta. Si se mira de cerca, detrás de la mayor de las tragedias, siempre hay una comedia». Shakespeare es judío. Hemos llegado.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)