TURBULENCIAS EN EL MUNDO MUSULMÁN

El éxodo a Turquía de sirios que huyen de la represión se dispara

Más de 2.400 personas alcanzan la frontera por temor a la venganza militar

La Vanguardia, TOMÁS ALCOVERRO, 10-06-2011

Esta confusa situación en Siria puede durar mucho tiempo. Es lo único que es posible decir después de tres meses de manifestaciones antigubernamentales en Deraa, localidad fronteriza con Jordania, que se han ido extendiendo como mancha de sangre, hasta Yisr al Shugur, en el norte, cerca de la frontera con Turquía. Otra región de enfrentamientos entre las fuerzas armadas, que continúan reprimiendo con violencia, y los que protestan pidiendo reformas y libertad, en las localidades de Homs y Hama, es vecina a la libanesa Trípoli.

Siria sigue, como siempre, cerrada a cal y canto a los periodistas, salvo algunas excepciones anteriores al inicio del mandato de Bashar el Asad, en el 2000, cuando el régimen quería romper su aislamiento internacional y suscitó ilusiones de una primavera política, pronto agostada.

El sanguinario episodio de Yisr al Shugur evoca la cruel venganza de Hama de 1982. Esta vez, según los activistas, los 120 muertos militares del lunes cayeron en choques entre soldados y desertores que rehusaban disparar contra los manifestantes. La versión del Gobierno es que fueron asesinados por “bandas armadas” que incendiaron edificios estatales.

En aquella población en la orilla del Orontes, con sus antiguas norias, el rais Hafez el Asad, padre de Bashar, aplastó a los rebeldes de los Hermanos Musulmanes que habían atacado y dado muerte a un contingente de su ejército, causando una matanza de alrededor de 20.000 habitantes nunca del todo esclarecida.

Unos 2.400 sirios – según dijo ayer en Abu Dabi el ministro turco de Asuntos Exteriores-,lugareños de Yisr al Shugur, con el miedo en el cuerpo, han atravesado la frontera ante lo que creen un asalto militar inminente. Sus testimonios denuncian crímenes, torturas cometidas por las tropas, deserciones de soldados del ejército. Dan cuenta de que sólo puñados de jóvenes se han quedado en el pueblo erigiendo barricadas para defenderse. Describen el pánico de la población civil. Buscan refugio, ahuyentados por el despliegue de los soldados de la Cuarta División, una suerte de guardia pretoriana del régimen, a las órdenes de Maher el Asad, hermano menor del presidente. Su influencia se ha impuesto sobre el ejército y sobre el régimen.

El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se ha comprometido a mantener la frontera abierta, junto a la que se han armado tiendas de campaña para los refugiado. Según sus portavoces, el Gobierno sirio quiere restablecer el orden público y reabrir las carreteras cortadas por los manifestantes, cerca de la frontera. Turquía, que ha mantenido muy buenas relaciones con El Asad, suprimiendo, por ejemplo, los visados y firmando acuerdos de cooperación económica, no ha conseguido persuadirle de poner fin a la represión. La reciente reunión de la oposición siria en el exilio en una localidad del sur de Turquía revela su embarazosa posición diplomática.

La prolongación del encadenamiento de protestas y represiones armadas, que ya ha causado la muerte de alrededor de 1.300 personas – el mayor número de víctimas de todos los países árabes en este tiempo de erupciones populares por la libertad-precipita también la internacionalización del conflicto. Por ahora ni Rusia ni China apoyan sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Moscú afirma que los acontecimientos de Siria no amenazan ni la paz ni la seguridad internacionales. En otro frente, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) decidió ayer, a instancias de EE. UU., llevar a Siria ante el Consejo de Seguridad por obstaculizar la investigación sobre su programa nuclear, concretamente sobre las actividades en la supuesta central de Deir Ez Zor, que Israel bombardeó en el 2007.

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