trágico suceso

La niña que murió al bajar de un 5º piso con sábanas quería verse con su novio

Jenni, de 13 años, tenía relaciones con un chico de origen árabe que «no era aceptado por sus padres»

El Correo, MARÍA JOSÉ TOMÉ BILBAO., 08-06-2011

La rabia adolescente combinada con la inconsciencia y una terrible fatalidad acabaron con la vida de Jenni. La niña, de 13 años, murió la noche del pasado lunes en Bilbao tras intentar huir de su habitación, donde había sido encerrada por sus padres tras mantener una «fuerte discusión» porque «quería salir de casa para estar con su novio», según relataron varios allegados. Quizá influenciada por una película, por alguna novela romántica, tuvo la trágica ocurrencia de atar varias sábanas a la pata de su cama para tratar de descolgarse hasta la calle, pero su peso venció la endeble escala y cayó al vacío. Desde un quinto piso. Jenni murió en el acto ante la impotencia de vecinos y familiares, que ni siquiera pudieron acercarse al cuerpo inerte, que quedó tendido en un patio interior de difícil acceso.
Ayer, los transeúntes que pasaban por la calle San Francisco, en Bilbao la Vieja, no podían evitar alzar la mirada hacia el quinto piso del número 53, donde vivía Jenni con sus padres y sus cinco hermanos pequeños y donde tuvo lugar la fatal chiquillada. Según algunos testimonios, la relación entre la pequeña y su padre, conocido como ‘el Nine’ entre la comunidad gitana a la que pertenecen, se había alterado en las últimas semanas debido a la supuesta relación de la menor con un joven de origen árabe. «Parece que los padres no lo veían bien», comentaron varios conocidos de la familia.
«¡Qué desgracia, señor!», se lamentaba Encarnación, que identificó a la pequeña Jenni como «nieta de un primo mío, del Jaime». La mujer, vecina también de la familia, oyó poco antes de la tragedia cómo la menor, a través del patio, llamaba a su hija Mónica. «Quería que mi niña llamase a su otra prima para hablar con ella. Pensé que eran cosas de chiquillas». Quizá quería hacerle cómplice de sus planes de escapada, quién sabe. Lo siguiente que escuchó Encarnación fue el ruido seco del impacto de Jenni contra el cemento. «Yo no sé qué pasó, ni por qué discutieron, yo solo miro para dentro de mi casa», comentó con discreción, antes de marchar para la iglesia evangélica de Los Caños, en Santutxu, donde una multitud de amigos y familiares velaron durante horas el cadáver.
Inés, desde el piso inmediatamente superior al domicilio en el que ocurrieron los hechos, también fue testigo involuntario de la trifulca. «La chica quería salir a la calle y se oía a la madre decirle que no. Después oí un golpe y me asomé a la ventana y allí estaba el cuerpecillo», explicaba la mujer, casi al borde del llanto. «Tardaron muchísimo en sacarlo de ahí», recordaba Inés, que apenas trataba a la familia. «Solo de ‘buenos días, buenas tardes’. Llevaban poco tiempo viviendo aquí, poco más de un mes. Solía ver a la chavala con los hermanos pequeños en brazos, cuidándoles».
Los padres, «destrozados»
Al mediodía, un grupo de gitanos vestidos completamente de negro y con gesto adusto entraron en el portal. Subieron a la casa de ‘el Nine’, aunque el matrimonio no estaba allí, sino en la casa de los padres de él, en Santutxu. Rosario, una mujer mayor de riguroso luto, confesaba que los padres, que se dedican a la venta ambulante, «están destrozados. Él dice que se quiere matar». De hecho, según algunos testigos, el hombre intentó autoagredirse con un cuchillo tras conocer las dramáticas consecuencias del castigo que había impuesto a su hija. «Yo solo digo una cosa: ¿qué madre va a querer algo malo para su hija?», se preguntó la mujer.
En San Francisco, una zona acostumbrada a acoger vecinos de paso, la familia tampoco era muy conocida. «Por aquí no solían pasar, no sé quiénes son la chavala ni sus padres», aseguró el camarero de la taberna Hilargi, pegada al portal de la casa. Tampoco en el bazar chino Nil Hem ni en la carnicería Alí, situados justo enfrente, habían tratado con la familia, que pertenecía a la comunidad religiosa de Santutxu. Sin embargo, la noche de los hechos, fueron acogidos en la iglesia evangélica Filadelfia, situada a pocos metros de San Francisco, en una de las nuevas edificaciones del barrio de Miribilla.
«Aunque no pertenecían a nuestra comunidad han estado aquí hasta las cuatro o las cinco de la mañana con varios pastores, que les han dado apoyo, cariño…», relató una hermana. A la hora en que ocurrió el terrible suceso poco antes de la medianoche, esta congregación religiosa celebraba un culto extraordinario. De repente, sonó el móvil de uno de los asistentes y varias personas salieron a la carrera de la iglesia. Era un familiar de la pequeña, que había sido alertado de lo sucedido. «Enseguida supimos lo que había pasado y muchos de los asistentes fueron hasta allí para intentar ayudar», explicó la mujer.
Cuando llegaron a San Francisco, las escenas de dolor eran desgarradoras. Los padres, familiares y vecinos se echaron a la calle. «¡Mi niña!, ¡mi niña!», gritaba la madre, que apenas podía mantenerse en pie. Otros allegados expresaban su impotencia golpeándose la cabeza contra las lonjas cerradas de los comercios. La Ertzaintza acordonó la zona, mientras sanitarios de la DYA y la UVI móvil de Osakidetza trataban de reanimar, en vano, a la pequeña. El cadáver tuvo que ser rescatado por una dotación de los Bomberos al tratarse de una zona de complicado acceso. De hecho, un policía local sufrió lesiones de carácter leve al golpearse una pierna contra un muro cuando intentaba llegar hasta el patio donde yacía Jenni.

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