TRIBUNALES
El violador en serie reconoce la agresión de Riberas y acepta 8 años
Las acusaciones piden que sea expulsado del país en el caso de que acceda al tercer grado penitenciario. El inculpado suma otras cuatro condenas por abusos sexuales, por las que cumple 19 años de prisión
Diario Vasco, , 07-06-2011Las pistas recogidas por la Ertzaintza no dejaban mucho margen para la duda y Carlos Germán O.F. era consciente de ello. «Desgraciadamente reconozco haberla violado», confesó ante el tribunal de la Audiencia de Gipuzkoa que le juzgó ayer por la agresión sexual a una joven en el barrio donostiarra de Riberas de Loiola el 25 de octubre de 2008.
No era la primera vez que Carlos Germán, de 25 años y de origen ecuatoriano, comparecía ante el juez. En la actualidad cumple en la cárcel de Martutene cuatro condenas a un total de 19 años por otras cuatro agresiones sexuales cometidas en San Sebastián entre octubre de 2007 y septiembre de 2008. Ayer, como había ocurrido en dos de los juicios anteriores, el procesado reconoció los hechos por los que se le juzgaba y tanto las acusaciones como la defensa solicitaron para él una condena de 8 años de prisión. También reclamaron la expulsión del procesado del territorio nacional cuando acceda al tercer grado penitenciario o cumpla su condena, ya que se encuentra en España en situación irregular.
Las agresiones de Carlos Germán a lo largo de casi un año generaron la alarma entre los habitantes de Donostia. Un desconocido seguía por la noche a sus víctimas, las abordaba por la espalda y las estrangulaba hasta dejarlas inconscientes, momento que aprovechaba para forzarlas. La detención del agresor se convirtió en una prioridad en un momento en el que se comenzaba a hablar de un violador en serie en la capital guipuzcoana.
Semiinconsciente
La única pista que tenía la Ertzaintza era el ADN del fluido seminal que el agresor derramó sobre algunas de sus víctimas, aunque las muestras no podían ser cotejadas con ningún sospechoso. Pero todo cambió el 25 de octubre de 2008.
A las cinco de la madrugada de ese día Carlos Germán siguió a una joven de 19 años que regresaba a su domicilio, en Riberas de Loiola, tras haber pasado la noche en una discoteca. Cuando se disponía a entrar en el portal fue abordada por su agresor, que la introdujo en el ascensor, la condujo al garaje y la violó tras asfixiarla hasta que perdió el sentido.
- ¿La madrugada del 25 de octubre de 2008 usted vio a una chica y la siguió?, -preguntó ayer la fiscal.
- Sí, -contestó el procesado.
- ¿La abordó por detrás y le apretó el cuello hasta dejarla inconsciente?
- Sí.
Carlos Germán contestó afirmativamente a casi todas las preguntas que le formuló la fiscal. Solo dudó cuando la acusación pública quiso saber si la joven había recobrado el conocimiento mientras se consumaba la violación o si la agarró del cuello para sujetarla.
- No lo recuerdo, -dijo.
El procesado aseguró que tampoco recordaba si había llegado a eyacular y no supo explicar por qué el ADN de los restos de semen detectados en el cuerpo de la víctima coincidía con el suyo.
- No me acuerdo, -insistió.
Lo que sí recordó fue que a la joven no le robó la cartera pero sí se llevó un llavero de color azul con forma de delfín que fue localizado en su poder cuando dos días después fue detenido por la Ertzaintza.
Carlos Germán abandonó a la chica y la dejó tendida en el suelo en medio de un charco de sangre sin saber que tras de sí también abandonaba el rastro que solo treinta horas después acabaría por revelar a la Policía su identidad y paradero: sus huellas dactilares.
Meses antes el acusado había sido detenido cuando sometía a una chica a diversos tocamientos dentro de un ascensor en el barrio de Amara. La intervención de los familiares de la víctima permitió la detención del agresor, que quedó en libertad a la espera de juicio y aún tuvo tiempo para cometer otros dos ataques.
Numerosos indicios
Pero sus huellas habían quedado grabadas en su ficha policial. Tras la violación a la joven de Riberas de Loiola, recordó la fiscal, los investigadores de la Ertzaintza encontraron una huella del dedo anular de la mano derecha de Carlos Germán en el pasamanos del ascensor y otra del pulgar izquierdo «en una manilla cercana al charco de sangre donde ocurrieron los hechos». Con estas pistas su detención era cuestión de horas.
Tras el arresto los indicios de que la Ertzaintza tenía en sus manos al violador en serie de Donostia se multiplicaron. En el momento de su captura el detenido aún llevaba los calzoncillos que había utilizado durante la última agresión y en los que se hallaron rastros de sangre de la joven de Riberas de Loiola. Además, su ADN coincidía con el del semen hallado en algunas de sus víctimas. «La probabilidad de que el ADN sea de otro individuo es de una entre 172 trillones de personas», indicó la representante del ministerio fiscal, que añadió que «la autoría está absolutamente acreditada».
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