«La diversidad cultural es una oportunidad, no una fuente de problemas»

La Verdad, R. SUÁREZ, 31-05-2011

El director estatal de Cepaim, Juan Antonio Segura, explica que la diversidad cultural integrada de manera normalizada en nuestras ciudades, en nuestros barrios, en los centros educativos, en las empresas, en las organizaciones sociales se convierte en una fuente de riqueza colectiva, al favorecer el pluralismo cultural, la creatividad, la innovación, la diversidad de producciones artísticas, de creencias, el surgimiento de nuevos enfoques y nuevas respuestas a viejos problemas; la cohesión y el sentido de pertenencia al territorio. En su opinión, la diversidad cultural «es el mejor antídoto contra la uniformidad, contra el monocultivo cultural».

El reto de futuro que se nos plantea es «darle la vuelta a la tortilla», pasando de una perspectiva de la diversidad cultural como una fuente de problemas, a una percepción de la misma como una oportunidad.

«Así, – indica – además de garantizar que personas de diferentes grupos no sufran discriminación por su origen cultural o étnico, debemos conseguir que el reconocimiento de la diversidad y de las similitudes signifique comprender cómo éstas pueden verse aprovechadas en beneficio de la persona, de las organizaciones y de la sociedad en general».

Pluralismo cultural

Para Juan Antonio Segura, «las mejores políticas de gestión de la diversidad cultural son aquellas que reconocen y valoran el pluralismo cultural como algo positivo, apostando por el interculturalismo, que pone el acento en la relación, el encuentro y la comunicación con los otros diferentes». En este sentido, asegura que las políticas basadas en la asimilación cultural o la segregación espacial de los diferentes en la escuela, en la empresa o en la ciudad se han demostrado fracasadas en los modelos francés y anglosajón.

«En España – añade – tenemos una oportunidad histórica que aprovechar, a partir de una adecuada gestión de la diversidad cultural, reconduciendo la situación hacia una integración normalizada de las diferentes personas, con respeto hacia su cultura y sin necesidad de renunciar a ella».

El director estatal de Cepaim concluye que «la cuestión de dar legitimidad y un tratamiento político a identidades plurales se presenta pues como ardua y difícil tanto en el plano ideológico como en el plano institucional, pero esta debe ser nuestra apuesta y nuestro horizonte».

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