Un conflicto familiar obliga a vigilar dos colegios en Girona

Los directores de los centros piden amparo policial ante la tensión causada por el trámite de separación de una pareja con tres hijas

El Mundo, SÍLVIA OLLER, 25-05-2011

Una patrulla policial vigila desde ayer las inmediaciones de las escuelas de Vila-roja y Font de la Pólvora, en Girona, y su presencia se mantendrá como mínimo hasta el próximo viernes. La semilla que ha originado esta situación anormal a las puertas de un centro escolar hay que buscarla en un conflicto familiar originado en una pareja con tres hijas en trámites de separación y sus respectivas familias, de etnia gitana. Un enfrentamiento que obligó el pasado lunes a suspender las clases en ambos centros y a pedir presencia policial para garantizar la seguridad de los alumnos.

Según explicaron algunos vecinos, una infidelidad por parte de la madre de las niñas, la agresiva reacción de su ex compañero y la disputa para ver quién de los dos se queda con las pequeñas estarían detrás de esta situación que ha provocado tensión entre los dos clanes. Una situación que habría salpicado hasta 16 alumnos, que pertenecen a alguna de las dos familias enfrentadas.

El pasado lunes el padre de las niñas se presentó, bastante nervioso y agresivo, en el CEIP de Vila-roja donde estudian sus hijas, para exigir al director que no permitiera que ni la madre ni su familia fuera a recogerlas. “Se vivió alguna escena que no era adecuada que vieran los niños y que les podía afectar psicológicamente”, expuso ayer el director Cristóbal Sánchez, que ante la duda sobre a quién debía entregar a las niñas y el temor de cualquier escándalo entre las familias enfrentadas, decidió de mutuo acuerdo con el Departament de Ensenyament suspender las clases. “La primera función del director de un centro es garantizar la seguridad de los niños y esa debe ser del 100%. Si es del 90%, los mando a casa”, expuso Sánchez. La decisión también afectó al CEIP de Font de la Pólvora, al que asisten alumnos de alguna de las dos familias en conflicto, así como a la guardería. Las clases se retomaron ayer gracias a un despliegue policial, formado por Mossos d´Esquadra, Policía Local y patrullas mixtas que custodiarán, como mínimo hasta el viernes, los dos centros.

La presencia policial frente a los centros, a los que acuden mayoritariamente alumnos de etnia gitana y magrebí, generó cierta intranquilidad entre las pocas familias que llevaron a sus hijos a clase. “Sólo quiero saber si me puedo ir tranquila a casa”, manifestaba una madre. “Espero que no pase nada”, decía otra. Para tranquilizarles, el equipo docente mantuvo por la mañana una reunión con los padres. A los pocos minutos de ese encuentro, el director del centro educativo salía corriendo pidiendo más refuerzos policiales. Durante la reunión había recibido una llamada alertando que el padre de las pequeñas se dirigía hacia el centro. Pero todo se quedó en una falsa alarma.

Fuentes del Ayuntamiento de Girona señalaron que el padre de las niñas que irrumpió de malas maneras en la escuela es una persona conflictiva, con dificultades sociales y que estaría viviendo una situación límite y añadieron que tanto la escuela, como los servicios sociales como la policía están colaborando estrechamente para garantizar la protección de los menores.

Las familias de etnia gitana son mayoría en los barrios de Vila-roja y Font de la Pólvora. A pesar de los esfuerzos del Consistorio para mejorar los equipamientos, no se logra acabar con los problemas estructurales del barrio, sacudido por la elevada tasa de paro y la pobreza, y con algún foco delictivo y de tráfico de drogas. Sánchez reconoció que los conflictos son frecuentes, aunque trascienden poco, y destacó la dificultad de la labor educativa en esta zona del sector este de la ciudad. “Los maestros aquí somos maestros de cabecera”, ironiza. “Hacemos de mediadores, de jueces, de fiscales, abogados. Nuestra tarea es muy diversa y cuando podemos, ejercemos como maestros”, sentenció.

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