Malestar en la Guardia Civil tras mediar el consejero Campos en favor de un inmigrante

La Verdad, R. F., 21-05-2011

El consejero Campos (derecha), recorriendo Lorca. :: I.SÁNCHEZ/AGM

Desde todos los ámbitos (Comunidad Autónoma, Ministerio del Interior, Ayuntamiento…) se ha insistido en estos días en la necesidad de que los residentes en el campamento de Lorca sean tratados con la mayor consideración posible, así como que se haga lo posible por hacerles la estancia lo más llevadera posible. Ésa es la indicación general, que parece que todo el mundo se está empeñando en seguir al pie de la letra; aunque todo, claro está, tiene un límite.

En unas instalaciones como ésas, en las que nadie está por gusto y donde cada día se concentra un mayor número de personas (ya son más de 1.600), resulta inevitable que puedan surgir algunos incidentes. Uno de ellos se produjo ayer mañana, cuando los servicios sanitarios se disponían a fumigar un grupo de tiendas de campaña, con el fin de prevenir el surgimiento de problemas sanitarios, y uno de los ocupantes se resistió a salir, mientras se dirigía a gritos los empleados, reprochándoles que «nos tratáis como animales».

Distintas fuentes señalan que esa persona, de origen ecuatoriano, ya había provocado antes quejas de otros damnificados por tener puesta la música a un volumen elevado. Cuando tres guardias civiles le pidieron que saliera de la tienda, el hombre se habría resistido e increpado a los agentes, por lo que estos procedieron a reducirlo y a cachearlo. Fue entonces cuando, supuestamente, le encontraron una pequeña cantidad de marihuana.

Instantes después entró en escena el consejero de Justicia, Manuel Campos, que recorría la zona y que, en apariencia, y según fuentes próximas al Cuerpo, medió en favor del ciudadano ecuatoriano e incluso explicó a los integrantes de la oficina de la Embajada de Ecuador, instalada en el campamento, que tenían derecho a interponer una denuncia. Algo que causó gran malestar entre los miembros de la Benemérita.

Anoche, desde la Guardia Civil y desde la Consejería se intentaba restar trascendencia. «Ha sido algo anecdótico», coincidían.

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