EL CIUDADANO SIN PAPELES | Radoane Didi. 24 años Rekalde

«Aquí ya no hay trabajo pero se ayuda a los extranjeros»

En los dos años que lleva en Bilbao no ha conseguido empleo y desde hace cuatro meses vive en la calle

El Correo, G. ELEJABEITIA BILBAO., 19-05-2011

Como muchos de sus paisanos, Radoane Didi llegó a España hace una década en busca de un futuro. Después de probar suerte en la construcción o en la agricultura en lugares como Valencia, Andalucía o Castilla La Mancha, hace dos años recaló en Bilbao. A pesar de que tenía pocas esperanzas de encontrar un empleo, se decidió a venir al País Vasco porque según él,«aquí se trata bien a los extranjeros».
En los dos años que lleva en la villa no ha logrado trabajar y ahora se ve viviendo en la calle. «Duermo en el parque de Rekalde, en un rincón bastante tranquilo », explica. Asegura que no recibe ningún tipo de subvención y come y cena cada día en el comedor de los Franciscanos. Tiene formación como constructor ferrallista, pero entre la crisis del sector y que está indocumentado, encontrar trabajo se antoja una empresa casi imposible. «La situación está muy complicada para todo el mundo, y más para nosotros», dice.
Sin embargo, Radoane ha cruzado tantos límites que actualmente se encuentra viviendo al margen de la sociedad. El permiso de residencia, que lo tuvo, le fue retirado: «Estuve un tiempo traficando con drogas y me quitaron los papeles», confiesa. Asegura que en Bilbao ha dejado atrás «esa mierda», sin embargo también aquí ha tenido algún encontronazo con la policía. Tiene una causa pendiente por una denuncia que le puso una antigua novia. Estuvo detenido – «la única vez en mi vida», precisa-, pero apenas pasó 48 horas en el calabozo. Aunque prefiere no entrar en detalles, achaca su detención a «la ley de las mujeres».
Aparentemente, no le resulta difícil moverse por el territorio sin documentación, pero apunta que «cuando sales del País Vasco una persona no puede andar por ahí sin papeles». De momento no tiene intención de marcharse de Bilbao, pero sus esperanzas están puestas en conseguir un «pasaporte internacional» que, según le han dicho, le permitiría «viajar por todo el mundo, excepto volver a mi país».
Su intención sería dejar Europa «porque aquí ya no hay futuro» y dirigirse a Arabia Saudí, «donde hay mucho trabajo para los marroquís en la construcción». Explica que «los trámites duran cuatro meses porque hay que mandar una carta a Miami» y que le exigen «pagar 3.000 euros», una suma que espera conseguir «con la ayuda de mi novia vasca».

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