Nazis de a pie

El Correo, JUAN BAS, 18-05-2011

Cuando oímos la palabra nazi siempre pensamos en los SS recibiendo a los judíos en el andén de Auschwitz o en jerarcas como Rudolf Hess, Goebbels o el propio Hitler. Pero también están los nazis de a pie, actuales, conciudadanos a los que simplemente la Historia que les ha tocado vivir no les ha brindado – hasta ahora – el poder desarrollar al completo sus totalitarias facultades y pensamientos, que afloran en cuanto se sienten ante una oportunidad.

El viernes pasado se instaló de modo provisional en el palacio Jon de Bilbao, que alberga oficinas del Ayuntamiento, el Consulado de Bolivia por traslado de su sede tras la muerte del cónsul, creí entender. Venía el nuevo cónsul a firmar algún documento a los inmigrantes bolivianos, y se formaron durante todo el día, y el siguiente, unas colas que llegaron a sumar las trescientas personas. Daba grima y vergüenza ver a todos esos ciudadanos pacientes y sumisos, con unánime aspecto de trabajadores, con niños pequeños bastantes de ellos, haciendo cola durante horas y horas sin que se valorara su tiempo en absoluto ni se paliara su espera con reparto de números o de horas de cita.

Ante ese lamentable espectáculo se manifestaron un par de nazis de a pie. Una mujer mayor, que desde luego no parecía ser la abuela más guay del parque, dijo en la tienda de periódicos que «por qué tenía que estar ahí toda esa gente, en un edificio nuestro, del Ayuntamiento». En un bar, alguien comentó que le daba pena ver ahí a todas esas personas. Otro, expresó con muy mala leche que a él «no le daba ninguna pena esa clase de gente, en absoluto», recalcó. En ambos casos lo más llamativo fue el desprecio y el asco con que la abuela guay y el parroquiano cuarentón pronunciaron «esa gente».

Es preocupante el grado de xenofobia y racismo que demasiadas personas muestran en público, sin recato alguno. Con una jactancia y orgullo parecidos a los que desde hace tiempo exhiben los incultos alardeando de su ignorancia. Por cierto, había una tercera persona, una mujer, más que nazi tonta del culo, que siempre es categoría propia, que cada vez que llamaban por un megáfono a alguien de los que hacían cola por su nombre – pues dentro debía de ser un desbarajuste – levantaba la mano alegre y graciosa, desde la puerta de un bar próximo, diciendo, «¡yo!, ¡yo!»

¿Exagero llamando nazis de a pie a estos elementos? Bueno, puede que no. Se empieza por un insulto tipo moro de mierda y se puede acabar delatando a judíos para que sean transformados en jabón. La Gestapo en Alemania y la Francia de Vichy disponía de pocos agentes, les bastaba con la gran red de delatores voluntarios con que contaba.

También hay nazis de a pie motorizados, y sobre todo surrealistas. Un taxista en Madrid dijo cabreado ante una concentración de inmigrantes que obstruía el tráfico: «Yo esto lo arreglaba ahora mismo soltándoles un puma».

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)