«Una mezquita no supone peligrosidad social, pero hay un riesgo que vigilar»
El Correo, , 15-05-2011Jesús Prieto Mendaza conoce a fondo la realidad social de Vitoria y el mundo musulmán. Este antropólogo y profesor de la Universidad de Deusto analiza la polémica surgida ante la próxima apertura de una mezquita en Zaramaga y valora las propuestas electorales en torno a las ayudas sociales, al tiempo que niega la existencia de bandas juveniles estructuradas.
- Los vecinos de Zaramaga se movilizan contra la apertura de una mezquita en el barrio. ¿Le sorprende?
- No, porque las encuestas detectan desde hace años una cierta islamofobia. Si toda sociedad tiene miedo al diferente y en tiempos de crisis se acrecienta, de todos los colectivos el que más rechazo concita es el musulmán. Y esa islamofobia ha aumentado con los atentados de Al Qaeda.
- El tema ha saltado a la arena electoral. El PP planteó paralizar la mezquita y el PSE dice que eso sería un acto de «fascismo puro». ¿Y usted cómo lo ve?
- Los políticos en campaña electoral utilizan frases muy poco medidas de cara a pescar votos. No creo que se pueda alimentar la idea de que abrir una mezquita suponga peligrosidad social. Tampoco pienso que se pueda categorizar de fascista ese mensaje. Tenemos que huir del discurso ‘xenófobo’, pero también del ‘buenismo’. Si aceptamos que hay gente magnífica en las comunidades musulmanas que funcionan como mezquitas, tampoco podemos negar que existe un riesgo que ha de vigilarse y controlarse.
- Explíquese.
- Hablo del riesgo de que imanes o personas asociadas a las mezquitas puedan transmitir un discurso de apoyo explícito al yihadismo. Si bien yo no quiero alarmar a nadie, porque mis amigos musulmanes a los que yo quiero y aprecio son magníficos, hay que estar atentos. No podemos negar que una de las personas que se inmoló en Leganés fue asistente en la mezquita de Barrancal y Achraf ‘El suizo’ estuvo aquí…
- ¿Nueve mezquitas en una ciudad de 240.000 habitantes son excesivas?
- Con una población inmigrante en Vitoria de alrededor del 10%, ciertamente, pueden existir. Además, dentro del Islam hay muchas cofradías con rituales diferentes y eso explica que haya dos mezquitas en San Vicente de Paúl, otra en Barrancal, otra en Adurza… y que pueda haber otra en Zaramaga. Pero también quiero ser prudente, porque no hay que olvidar que en Vitoria se ha recogido dinero para la Yihad.
- ¿La postura de Zaramaga sólo viene a confirmar lo que ya dicen las estadísticas, que uno de cada cuatro vascos no quiere extranjeros en sus barrios?
- Sí. Mientras que la percepción de la gente hace diez años era que los venidos de otros países estaban contribuyendo al desarrollo económico, ahora, en tiempos en que la gente lo está pasando mal, ve al inmigrante como un usurpador, y se recupera el discurso de ‘vienen aquí y nos quitan el trabajo’. Porque ahora hay un sector de la población nacional que quiere volver a esos trabajos que antes rechazaba.
Ayudas sociales
- También existe otro discurso: el de ‘vienen aquí y cobran ayudas’. El PP plantea exigir al menos cinco años de empadronamiento a los beneficiarios de ayudas sociales, cuando ahora son seis meses. ¿Qué alega a esto?
- Hay que pensar en el alcance que puede tener una medida de este tipo. ¿Qué situación se generaría en Vitoria si dejamos a gente en la calle muriéndose de hambre? ¿Iríamos a casa a las diez de la noche tan tranquilos? Con la crisis actual, sin ayudas y sin una red familiar cerca, habría inmigrantes que se verían obligados a asaltar supermercados.
- Hace menos de un año, unos trabajadores senegaleses sufrieron un ataque; en febrero, una brutal agresión en el ‘skate’ de San Martín abría el debate sobre la presencia de bandas estructuradas en la capital alavesa; el barrio de Coronación se siente inseguro; Zaramaga no quiere una nueva mezquita… ¿Hay demasiadas luces rojas encendidas?
- Para ser Vitoria, sí. Hice un trabajo en Madrid y para realizarlo tenía que ir protegido por la Policía en un coche camuflado. Eso da una idea de lo que ocurre en Pan Bendito, en Carabanchel Alto y Bajo, Camino Viejo de Leganés o Puente de Vallecas,… Para una ciudad como Vitoria, con 240.000 habitantes, una trayectoria de la gestión de lo social, de lo urbano… sí me parece que hay muchas alarmas.
- ¿Injustificadas?
- En algunos casos sí y en otros, no. Por ejemplo, la violencia que han generado determinados grupos asociados a la población inmigrante es una pequeña violencia. Son lo que llamamos en antropología ‘pequeñas despacificaciones’ de la vida social. Pero en un barrio como Coronación, eso es lo que alarma a la gente, y en una zona con una población mayor provoca una inseguridad tremenda.
- ¿Cómo defendería la interculturalidad a una víctima de esa ‘despacificación’?
- Yo defiendo que el futuro de Vitoria tiene que tender a una sociedad intercultural, porque la globalización en la que estamos viviendo no tiene vuelta atrás. ¿Pero cómo le voy a explicar a esa mujer que le han robado 50 euros que el mestizaje cultural es positivo? No puedo. Esa mujer tendrá que pasar un proceso de duelo para llegar a comprender que no todos los inmigrantes son tan deleznables como ese joven que le robó.
Ni Latins ni Ñetas
- ¿Existen bandas juveniles estructuradas en Vitoria?
- En Vitoria no hay bandas estructuradas. Los Latins, los Ñetas o los Dominican Boys, lo que yo vi en esos trabajos de campo en el área metropolitana de Madrid no se parece en nada a lo que hay aquí.
- ¿Y qué es lo que hay aquí?
- Emulaciones. Lo que ocurre aquí es que muchos jóvenes que están en peligro de exclusión social, que son latinoamericanos cuyos padres trabajan todas las horas del día, que están muy solos, que caen en el fracaso escolar, que consumen droga… se juntan en grupos que buscan una red sustitutiva a la familiar. Y lo que hacen es emular ese concepto de pandilla que han visto, que han oído. Y se ponen una determinada gorra, dibujan la estrella de punta de los Latins… Pero no son una banda estructurada, aunque es una lucecita roja, y hay que hacer un seguimiento. Y no sólo policial, porque Vitoria tiene una red estupenda de educadores de calle, de centros cívicos, de actividades culturales, de tiempo libre, actividades parroquiales, asociaciones deportivas… Por eso, este fenómeno es una pequeña lucecita y no un semáforo rojo como en otras ciudades.
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