Tu nombre:   ENVIAR NOTICIA

La extrema derecha y el desorden de la UE

La Voz de Galicia, 14-05-2011

E en términos cuantitativos, la extrema derecha europea es poco significativa y efímera, porque, además de estar muy lejos de poder gobernar ningún país por sus propios medios, produce destellos electorales – en Francia, Austria, Holanda o Finlandia – que tienden a desinflarse con bastante rapidez. Pero la fuerza que no obtiene de los números la obtiene después de las connivencias cada vez más frecuentes de las derechas tradicionales, que o bien aceptan su alianza para frenar a la izquierda, como está sucediendo en Finlandia, o bien adoptan sus diagnósticos y propuestas para combatirlas electoralmente, que es lo que inspira en este momento las políticas de Sarkozy.

Pero los males no terminan aquí, ya que, a la irresponsable respuesta que da la política, hay que añadir un modelo de información que, en línea con lo que se lleva en la UE, tiende a ser comprensivo con los argumentos de la propia extrema derecha y de los que se alían con ella, mientras se embebe de ácidos comentarios contra la UE, sus problemas y sus instituciones. Es como si, en vez de estar hablando de movimientos xenófobos e insolidarios, que ponen en riesgo el acervo común, estuviésemos hablando de probos políticos que, con ánimo de avanzar en la construcción de la paz, la cultura y el bienestar, exhibiesen diagnósticos inteligentes y realistas.

Claro que si actúan así es porque unos y otros – políticos y periodistas – están convencidos de que los electores solo respondemos a argumentaciones simples, individualistas y de corto alcance, y de que es imposible combatir estos brotes de regresión y ceguera histórica con argumentaciones positivas y objetivos de altura. Da la impresión de que, además de ser malos con avaricia, los políticos europeos desconfían profundamente de sus ciudadanos, de sus intelectuales, de sus prescriptores de opinión y de sus referentes sociales, y que por eso están dispuestos a ceder todo lo que sea con tal de evitar una masiva deserción de los ciudadanos.

Por eso vamos cediendo cada vez más en el orden moral y político, mientras la democracia se envilece y el discurso común se desintegra. Por eso hemos enfocado mal los referendos constitucionales; por eso embarrancó la necesaria política exterior y de defensa común; por eso imitamos el modelo americano – o simplemente lo seguimos – en las guerras de Irak, de Afganistán y Libia; por eso estamos desorientados ante la cuestión palestina y los movimientos democratizadores del mundo árabe; por eso ponemos en riesgo el tratado de Schengen y la UE sin fronteras; y por eso somos incapaces de concertar la zona euro.

La crisis de la Unión Europea es, sobre todo, moral. Y nadie repara ya en la apodíctica conclusión de Maquiavelo: «El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y tiene después la guerra».

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)