El último criminal nazi se libra de ir a prisión

Demjanjuk fue cómplice en el asesinato de 27.900 judíos

El Mundo, ROSALÍA SÁNCHEZ, 13-05-2011

Rob Fransmann, que perdió en el campo de exterminio nazi de Sobibor a sus padres, tíos y primos, se retorcía de dolor mientras escuchaba la condena a cinco años de cárcel para John Demjanjuk, a quien el Tribunal de Múnich presidido por el juez Ralph Alt encontró culpable de complicidad en el asesinato de 27.900 judíos. «No llegará a pisar la prisión», se quejaba entre lágrimas. «He esperado a cumplir 69 años para ver cómo se hacía justicia, pero todo lo que veo es que este hombre ha aprendido a vivir su vida como una mentira y a sacar partido hasta el último momento», decía Fransmann.

Demjanjuk fue guardia voluntario del campo polaco de Sobibor y había asistido a las 90 sesiones de su juicio en Alemania ocultando su rostro con gafas oscuras y gorra visera. Ayer se presentó a escuchar la sentencia a cara descubierta y con un semblante insensible, exhibiendo una mirada serena que causaba escalofríos y sin siquiera pestañear ante los cientos de flashes de las cámaras que le esperaban en la puerta.

Una vez comunicada la sentencia, el presidente del Tribunal leyó la orden judicial por la que a Demjanjuk, a pesar de la condena, le era levantado el arresto, de forma que el criminal nazi salió del juzgado por la misma puerta. Fue entonces cuando todos los presentes comprendieron la seguridad que había mostrado unos minutos antes y su escasa preocupación.

El Tribunal ha tenido en cuenta sus 91 años de edad y su delicado estado de salud, que él mismo se ha encargado cuidadosamente de escenificar durante los dos años que ha durado el juicio, asistiendo incluso postrado en una camilla a las vistas y protagonizando reiterados desmayos sin que los médicos pudiesen diagnosticar otro mal que los achaques propios de su edad.

«Debe ir a la cárcel. La decisión de su libertad es una terrible equivocación. Su edad no debió ser considerada», dijo el director del centro israelí Simon Wiesenthal, Efraim Zuroff, decepcionado por la noticia. Y aunque hubiese ingresado en prisión, los dos años de juicio contarían como prisión preventiva, de forma que la sentencia equivaldría a 0,04 días de cárcel por cada víctima.

El de Múnich será el último de los grandes juicios por crímenes nazis que se celebre en Alemania y la sentencia parece dejar un mensaje ambiguo para la Historia. Más allá de si las víctimas consideran que se ha hecho justicia o no, el proceso a Demjanjuk ha removido las conciencias, devolviendo a Alemania al debate moral no resuelto sobre si fue legítimo colaborar con el régimen nazi cuando ése era el único medio de supervivencia.

Iwan Demjanjuk, que cambió su nombre de pila cuando huyó a Estados Unidos tras la guerra, nació en Ucrania durante las hambrunas causadas por la colectivización de Stalin. Con 22 años fue enviado al frente a luchar contra los alemanes y cayó prisionero en un campo en el que no se proporcionaba comida ni mantas a los detenidos.

Cuando el joven Demjanjuk cayó en manos de los nazis, más de dos millones de prisioneros soviéticos habían perecido ya de hambre o frío en unos campos donde incluso se registraron casos de canibalismo. El preso ucraniano encontró la forma de sobrevivir presentándose como guardia voluntario, los terribles travniki.

Tras recibir una formación básica, fue destinado al campo de Sobibor, en el este de Polonia, en cuyas cámaras de gas se calcula que murieron unas 250.000 personas eliminadas en la Operación Reinhard. Eran judíos trasladados desde Alemania, Francia, Checoslovaquia y Holanda.

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