LA LI BERTAD DE CULTO

Vecinos contra la apertura de mezquitas

El intento de instalar varios centros musulmanes provoca el recelo de ciudadanos y la polémica entre partidos

El Mundo, MIREN MARTÍNEZ, 12-05-2011

MIREN MARTÍNEZ / Bilbao
Un portazo fue la respuesta que re-
cibieron los 31.000 habitantes de
Euskadi que portan chilaba y pro-
fesan el Isl am cuando abogaron
por la necesidad de poner en prác-
tica su religión alrededor de su epi-
centro sagrado: la mezquita. Cuan-
do las comunidades musulmanas
manifestaron su intención de alzar
varios templos en las calle Pablo
Alzola y Concepción de Bilbao y
ahora en el barrio Zaramaga de Vi-
toria, jamás imaginaron la polvare-
da vecinal y la consiguiente guerra
de partidos que ello desataría.
Ahmed El Hanafy, presidente de
la Unión de Comunidades del País
Vasco, alega en su defensa que los
centros de culto musulmán existen-
tes actualmente –9 en Bizkaia, 8 en
Álava y 7 en Gipuzkoa– resultan in-
suficientes para albergar a la canti-
dad de fieles que acuden diaria-
mente a orar. Señala que el princi-
pal problema se plantea los viernes,
día de oración conjunta, cuando los
musulmanes acuden al rezo y «se
ven obligados a escuchar el rito is-
lámico desde las puertas».
El Hanafy confiesa también que
las mezquitas no constituyen úni-
camente un espacio de culto para
los seguidores de Alá sino también
un centro de enseñanza, de ocio y
de reunión comunitaria, para lo cu-
al los centros existentes también se
presentan escasos. «A la mezquita
acude cualquier musulmán que tie-
ne cualquier tipo de necesidad»,
apunta.
Se contrae matrimonio, se aplica
el bautismo, se organizan comidas
mensuales para intentar apaciguar
el problema de recursos económicos
que muchos fieles presentan, se rea-
lizan actividades orientadas a la in-
tegración de la mujer musulmana
como miembro activo de la socie-
dad, se imparten lecciones de árabe,
euskara y castellano y el Sher (sabio
que dirige la oración), incluso ofrece
ponencias «para todo aquél interesa-
do en conocer y abrazar el Islam».
Pero estos argumentos no conven-
cen a la mayoría de vecinos que po-
drían ver en poco tiempo una mez-
quita en los bajos de sus casas. Tras
conocer las intenciones de abrir los
centros bajo sus casas, entraron en
cólera, pegaron carteles de oposi-
ción a las nuevas construcciones y
emprendieron marchas colectivas en
las que no dudaron en catalogar los
nuevos proyectos como «claras ame-
nazas al orden público». Incluso al-
gunos, como Yolanda Morín, presi-
denta de España y Libertad, se atre-
vieron a declararse en contra no
únicamente de que se levanten mez-
quitas, sino también de la propia
ideología islamista. «No puedo apro-
bar una religión totalitaria que per-
mite la lapidación de las mujeres y
aprueba el ahorcamiento de homo-
sexuales simple y llanamente por su
tendencia sexual», declaró.
Para sofocar el incendio, varias
organizaciones vecinales tomaron
cartas en el asunto. Concretamen-
te, la Asociación de vecinos de Ba-
surto, con su presidente Javier Mu-
ñoz a la cabeza, intentó sin éxito
calmar las aguas mediante la aper-
tura de vías de diálogo y las conti-
nuas propuestas de consenso. Mu-
ñoz dijo comprender el miedo de
los vecinos a lo desconocido pero
aseguró que, en un país en el que
la libertad de culto es un derecho,
«no puede prohibirse el levanta-
miento de mezquitas si cumplen
con l os requi si tos l egal es exi gi –
dos». Pero, no consiguió disipar las
diferencias y finalmente, las pie-
dras fueron a parar al tej ado del
departamento de Urbanismo del
Consistorio de Bilbao.
Quejas, se recogieron todas. Pe-
ro consenso, poco. Tras la reunión
mantenida en el Ayuntamiento, a
la que acudieron todas las partes
i mpl i cadas, el equi po de Iñaki
Azkuna, actual alcalde de Bilbao
por el PNV, decidió estudiar todas
las alegaciones y posponer una re-
solución del caso hasta pasado el
periodo de campaña electoral.
Un momento que el PP aprove-
chó para mover ficha y lanzar dar-
dos envenenados a l os j el tzal es.
Cristina Ruiz, portavoz del PP en
el Consistorio, acusó a Azkuna de
sortear el problema vecinal y no
ofrecer respuestas a las agrupacio-
nes de l os veci nos. Tampoco se
deshizo en elogios con el resto de
partidos de la oposición, de quie-
nes criticó la indiferencia que han
mostrado haci a su propuesta de
establecer una posición común pa-
ra solucionar el conflicto. Un asun-
to que, como se ve, ya es un arma
electoral más en los comicios

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