Parricidio en una familia de neonazis

Un niño de 10 años mata en EEUU a su padre, un conocido líder extremista

El Mundo, RICARD GONZÁLEZ , 12-05-2011

El odio y la violencia son dos monstruosos gemelos imposibles de controlar. Una vez se instalan en una comunidad, el destino de sus víctimas es inescrutable. Jeff Hall, uno de los líderes del Movimiento Nacional Socialista (NSM por sus siglas en inglés), el principal partido neonazi estadounidense, lo intuía, y a menudo había declarado ser consciente de que la muerte le esperaba en la vuelta de la esquina. Lo que nunca podría haber imaginado es que la muerte le llegaría a manos de un disparo de su propio hijo de 10 años, al que había adoctrinado con esmero en el odio a los inmigrantes, el culto a la ideología nazi, y la glorificación de las armas.

Los detalles alrededor de la muerte de Hall, y sobre todo los motivos que habrían llevado al chico a cometer el parricidio, no están nada claros. Según el departamento de policía de la ciudad de Riverside, situada al sureste de Los Angeles, el asesinato fue intencionado. Cuando los agentes llegaron a la residencia familiar el pasado día 1 de mayo, poco después de las 4 de la madrugada, el menor estaba de pie, al lado de la escalera, y con una pistola en las manos. Su padre yacía muerto en el sofá. El chaval será juzgado por homicidio en una corte para menores, pero se espera que su abogado alegue demencia.

Según The New York Times, que había entrevistado en diversas ocasiones a Hall durante los últimos dos meses, tan solo 12 horas antes del tiroteo el líder neonazi le entregó a su vástago su último regalo: un cinturón de cuero fino estampado con una insignia de plata de las SS. Este tipo de obsequio no era extraño para alguien que había decidido hacer de la lucha por la supremacía de la raza blanca el eje de su vida, y también quería que fuera el de sus hijos.

«Quiero una sociedad blanca. Creo en la secesión. Y creo en dar mi vida por la secesión», había declarado al Times, como si la América del siglo XXI aún tuviera los mismos demonios que la de mediados del siglo XIX.

Fontanero de profesión, se sentía plenamente orgulloso de sus creencias extremistas, y lucía una cruz gamada y una calavera en su cabeza rasurada. A sus 32 años, Hall se había convertido en todo un líder carismático para un heterodoxo grupo de jóvenes cabezas rapadas, antiguos miembros del Ku Klux Klan, y extremistas tanto de izquierdas como de derechas.

Tras haber convertido la ciudad de Riverside en el cuartel general del NSM en California, Hall se presentó a las elecciones municipales del pasado otoño, logrando obtener el 28% de los votos en su distrito. Entre las actividades que organizaba, vestido siempre con su uniforme neonazi negro, figuraban mítines políticos y patrullas en la zona fronteriza con México a la caza de inmigrantes indocumentados.

Tal era su obsesión por el partido y sus ideales racistas que había dejado en un segundo plano sus responsabilidades paternas. Los servicios sociales seguían de cerca a su familia después de que, en un agrio divorcio, tanto él como su ex esposa se acusaran de abusar de sus cinco hijos, cuya custodia acabaría obteniendo el líder neonazi.

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