El flujo tunecino hacia Italia se ha frenado, pero no el éxodo de Libia

La Vanguardia, EUSEBIO VAL, 05-05-2011

Italia no confía demasiado en eventuales medidas que se decidan en Bruselas para aliviar la crisis de los inmigrantes irregulares y refugiados que llegan a sus costas. El reciente compromiso con Francia fue poco más que buenas palabras. El problema de fondo quedó casi intacto.

El flujo de tunecinos hacia la isla de Lampedusa se ha reducido drásticamente, aunque no ha desaparecido del todo. La razón es muy clara: quienes han llegado después del 5 de abril han sido repatriados en avión con extrema celeridad. Ha sido la política de “disuasión psicológica”, en palabras de Silvio Berlusconi.

Para Italia, el peor desafío continúa siendo la llegada de refugiados que huyen de la guerra de Libia. Si las condiciones del mar son buenas, el éxodo es masivo. La pasada semana llegaron unas 3.000 personas en tres días. Estos refugiados suelen ser trasladados con bastante rapidez, en barco o avión, a centros de acogida repartidos por Italia. Tienen derecho a asilo político.

Respecto a los tunecinos que llegaron antes del 5 de abril y han obtenido un permiso de residencia temporal de seis meses, su situación sigue siendo complicada. En Ventimiglia está aún abierto un centro gestionado por la Cruz Roja donde pueden dormir y alimentarse quienes intentan cruzar la frontera francesa. “Cada noche albergamos a unos 140 tunecinos, pero los números han bajado un poco”, confirmó ayer a este diario uno de los voluntarios de la Cruz Roja, “Pasan a Francia con dificultades; a menudo la policía los expulsa de nuevo hacia Italia si no tienen todos los papeles y dinero suficiente”, agregó el voluntario italiano.

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) hizo un llamamiento al Gobierno italiano para que asuma sus responsabilidades y mejore de manera drástica las condiciones de acogida a inmigrantes y refugiados. Según MSF, la respuesta es puntual e inadecuada, sin haber previsto bien la emergencia. Rolando Magnano, coordinador de MSF en Italia, denunció, por ejemplo, que en la última avalancha de refugiados a Lampedusa no había ropa seca ni agua suficientes para ofrecer a estas personas, muchas de las cuales se vieron obligadas a dormir al raso. También denunció las condiciones de los centros de acogida y la escasa información que se facilita a los inmigrantes y refugiados sobre sus derechos en Italia.

Uno de los problemas, además del hacinamiento, suele ser la no clara separación entre sexos, lo que provoca miedo en las mujeres . También el trato a los niños y menores de edad preocupa a las organizaciones humanitarias.

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