La Jerusalén alicantina

Las Provincias, PABLO GRACIA | ALICANTE., 03-05-2011

Cuentan que el antiguo barrio de pescadores del Raval Roig de Alicante acogió a los judíos que fueron expulsados de España por el famoso decreto de los Reyes Católicos de 1492. Anteriormente, durante la dominación mahometana, se obligó a los judíos a que habitasen los arrabales de las afueras de los pueblos, sujetos al yugo musulmán. Por ello, este tipo de arrabales recibieron el nombre de judería, y posteriormente se les llamó morería o arrabal roig. Hoy, el barrio del Raval Roig acoge tanto a católicos como a ortodoxos y musulmanes; una ermita católica, una parroquia ortodoxa y una mezquita en tan sólo tres calles separadas por unos cuantos peldaños.

La importante presencia de extranjeros en Alicante hace de ella una ciudad cosmopolita y de una gran riqueza y mestizaje cultural. Por lo general, existe un respeto para que cada cual pueda desarrollar sus tradiciones y costumbres, y el Raval Roig es un ejemplo de ello. Históricamente, en el barrio han convivido las tres grandes religiones monoteístas que consideraban a Jerusalén una ciudad sagrada: cristianismo, judaísmo e islamismo.

Desde el Casco Antiguo en dirección al Raval Roig, en la calle Virgen del Socorro, se encuentra la Parroquia Ortodoxa de San Andrés y San Nicolás. La parroquia lleva seis años en Alicante y es la única que ha existido en la ciudad. Elina, una de sus fieles, llegó de Bulgaria hace diez años y se siente muy agradecida por contar con ella en Alicante. «La aparición de esta iglesia fue una bendición. Antes tenía que ir a las católicas porque necesitaba estar con Dios y con la Virgen María en situaciones difíciles. La parroquia ortodoxa más cercana estaba en Altea y no podía ir», asegura. El párroco de la iglesia, Nicolás Vera, afirma que un domingo cualquiera acogen a 80 o 90 personas, sobre todo de Europa del Este: «La mayoría son rumanos, y hay dos grupos grandes de griegos y georgianos. También acuden rusos, ucranianos, moldavos y algunos españoles, pero muy pocos». Pilar Camarasa es una de las españolas que asisten a los servicios religiosos. Su marido es rumano y ella es ortodoxa desde hace cinco años. «Mi marido era ortodoxo y yo católica no practicante, pero me convertí porque esta rama del cristianismo me atrajo y a través de ella conocí la verdadera fe», explica.

El padre Nicolás considera que «la concentración de las tres religiones en el barrio es accidental. Nos decantamos por esta ubicación en el Raval Roig porque este local era barato y reunía una serie de condiciones», confiesa el párroco. También afirma que la relación con los vecinos del barrio es buena y que los ortodoxos no suelen tener problemas de integración porque son europeos y las diferencias con los españoles son mínimas. «Al principio, los vecinos pensaban que éramos evangelistas. Poco a poco, corrió el rumor de que éramos como la Reina Sofía antes de casarse con el Rey, y eso hizo que se tranquilizaran», revela Nicolás, entre risas.

«De hecho, como la ermita sólo abre lo domingos y nosotros lo hacemos más a menudo, algunos vecinos entran a santiguarse o a encender alguna vela», cuenta el párroco. El cantor de la parroquia, Eduard Marius Grigore, un joven rumano de 19 años, afirma: «Tenemos relación con los católicos y los vecinos durante las fiestas del barrio, que coinciden con las fiestas de la patrona de nuestra parroquia. Sacamos el icono de la Virgen como símbolo de respeto y amistad y echamos flores en la procesión de la Virgen del Socorro».

Continuando el recorrido religioso, cerca de la parroquia ortodoxa, unas escaleras empinadas conducen a la calle Lope de Vega, donde está emplazada la Ermita de la Virgen del Socorro. Ésta depende de la Iglesia de Santa María y se construyó en el siglo XVI en la Plaza del Topete, encima de su ubicación actual. La antigua ermita fue derribada a raíz de las construcciones que se hicieron en 1972. El párroco de Santa María, don Antonio, considera que «por aquel entonces el ‘boom’ inmobiliario estaba por encima del patrimonio histórico». Cuentan que en ella se establecieron los padres agustinos y que, anteriormente, según las crónicas, fue casa de los Caballeros Templarios. Alberto Sirvent, capellán de la ermita y director diocesano del Apostolado del Mar, relata que «el obispo declaró esta ermita sede diocesana de toda la provincia de Alicante para atender a todas las familias marineras de los diez puertos pesqueros de la diócesis». El capellán asegura que normalmente acogen a 30 o 40 personas, «todos del barrio, y sobre todo personas mayores».

A Elena Botella, vecina del Raval Roig, le gustaría que acudiera más gente a la ermita. «La mezquita y la parroquia ortodoxa acumulan a más fieles que la ermita. Cuando hay algún bautizo en la iglesia ortodoxa acuden muchísimas personas y se congregan todas en la calle, pero tampoco arman jaleo», explica. «Por lo general, el ambiente entre las tres culturas es muy bueno y reina la educación. Nunca he visto ninguna riña», admite.

Asimismo, Vicente Giner, que tiene una carnicería en el Raval Roig, coincide con su vecina: «La concentración de las tres religiones en el barrio es un símbolo de que en España estamos avanzados y de que hay libertad de culto». Por otro lado, Alberto Sirvent corrobora la opinión del párroco ortodoxo sobre la convivencia de ambas religiones en el barrio: «Con los ortodoxos tenemos muy buena relación. Somos hermanos cristianos y a veces hacemos rezos juntos. De hecho, como están en la diócesis, dependen de nuestro obispo católico».

Los musulmanes

Frente al paseo del Postiguet, en la avenida Juan Bautista Lafora, hay un centro islámico que desde 2001 cuenta con una de las primeras mezquita de la provincia. Abdala Mohamed es uno de los responsables del centro. Es de Mauritania y lleva doce años en España. Según él, a la mezquita «acuden musulmanes de toda la provincia, incluso de Valencia, Murcia y otros lugares por cuestiones matrimoniales». En el centro también resuelven trámites legales y se organizan más actividades, como clases de informática e idiomas. También cuenta con una escuela cuyo fin es transmitir a los niños su cultura de origen, como el idioma o la religión musulmana, para que no pierdan su raíz cultural.

La mezquita fue trasladada en 2006 a un almacén del Pla de la Vallonga por problemas con los vecinos del barrio. Los musulmanes realizan un ritual cinco veces al día, el ‘salah’, pero el viernes es el día de la oración comunitaria en el Islam, llamada ‘yumuah’ y obligatoria para los hombres. Por ello, la mezquita recibe muchísimas visitas los viernes, lo que dificulta encontrar aparcamiento. «Aparcaban donde les daba la gana, encima de la acera y dificultaban la circulación por el barrio», afirma Pedro Núñez, presidente de la Asociación de Vecinos del Raval Roig.

«Por este motivo, los vecinos pusimos una denuncia para que se llevaran la mezquita de aquí», añade. Sin embargo, los musulmanes consiguieron regresar al Raval Roig en 2008. Por su parte, Abdala confiesa que lamentan lo que ocurrió. «Nos gustaría encontrar otro sitio donde no molestemos a nadie, pero no lo tenemos. En su día pedimos a los fieles que aparcaran en un lugar adecuado o que fueran a un ‘parking’, pero no hicieron caso».

Al margen de este problema, la mayoría coincide en que la relación de los musulmanes con los vecinos del barrio y las demás religiones se basa en el respeto. El capellán de la ermita y el Padre Nicolás coinciden en que no existe relación con ellos: «Ellos no la buscan, ni nosotros tampoco. Ellos a lo suyo y nosotros a lo nuestro», asegura Nicolás.

En cambio, Abdala reconoce que el trato con los vecinos «depende de las noticias que salen en los medios. Hay de todo: personas que no me conocen y me saludan y gente que sabe quién soy y me mira de aquella manera», confiesa el mauritano. «Aquí estamos abiertos a todos. Ofrecemos clases de árabe para cualquiera», asegura.

El marroquí Ihab Ramm, dueño del kebap – tetería de la calle San Vicente, visita cada viernes la mezquita para realizar la oración de ‘yumuah’. Ihab considera que «los españoles no tienen interés por lo desconocido», tanto los mayores como los jóvenes.

«No conocen a los musulmanes ni la religión islámica y tienen una idea negativa de ella sin conocerla», afirma el marroquí. «Nos juzgan creyendo que somos malas personas», se queja Ramm.

Noureddine Benhalima, amigo de Ihab y argelino, explica que los musulmanes están obligados a conocer y respetar las demás religiones. Noureddine cree que muchos españoles tienen prejuicios hacia la religión musulmana, confundida injustamente con planteamientos fundamentalistas ajenos, según puntualiza, al auténtico espíritu del Islam.

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