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Europa vuelve a las fronteras interiores
La Voz de Galicia, 28-04-2011M ás allá de nuestras cuitas nacionales, la pregunta es: ¿se está empezando a resquebrajar la Unión Europea? Había algunos síntomas. Por ejemplo, el renacimiento de los nacionalismos como consecuencia de la crisis o la aparición estelar de fuerzas insólitas como los Auténticos Finlandeses, que propugnan ni participar siquiera en rescates de países como Portugal. Ahora se acaba de dar un paso más: la propuesta de reforma del Tratado de Schengen, acordado por Berlusconi y Sarkozy, que traerá nuevas divisiones a la precaria unidad continental. Ambos dirigentes dijeron que proponían esa reforma para mejorarlo. Mentira: lo que pretenden, sobre todo Francia, es suspender la libre circulación de personas en determinadas circunstancias. Y en todo caso, es el primer tratado de la Unión que se cae, dato para no olvidar.
¿Por qué se produce esa demanda de revisión? Básicamente por una razón interna de Francia y por necesidad política de Sarkozy. No es cierto que los refugiados que llegaron de Túnez vía Lampedusa sean una amenaza para ningún país. Son menos de 30.000, y Francia tiene una población musulmana que supera los seis millones. Lo que ocurre de verdad es que el presidente francés tiene a Marine Le Pen (extrema derecha) pisándole los talones electorales. La señora Le Pen, heredera y continuadora del pensamiento de su padre, se distingue por su xenofobia y su nacionalismo excluyente. Sarkozy no puede ocupar su espacio ideológico, pero sí se siente obligado a hacer políticas que le quiten respaldo a su competidora. Con ese fin está permitiendo que Francia pierda una de sus señas de identidad: dejará de ser tierra de acogida. Sobre todo, para los refugiados africanos. Ese es el toque racista.
¿Qué ocurre en otros países? De momento, que Alemania se apuntará a la reforma de Schengen: también quiere cerrar fronteras. En Holanda crece sin parar un partido ultraconservador. En Finlandia surgen los citados Auténticos Finlandeses. Y el resto de los países han sido incapaces de acordar una política común para acoger a los nuevos inmigrantes del norte de África. La situación es tan problemática, que el mismo papa Benedicto XVI tuvo que pedir este domingo que Europa les abra las puertas. La respuesta ha sido cambiar Schengen para cerrarlas un poco más. Entre la extrema derecha emergente y la ausencia de trabajo, las naciones se refugian en sí mismas.
Y para España, un problema. Nuestro país es receptor de inmigrantes. Con frecuencia, espacio de tránsito desde África hacia Europa. Si Francia tiene la posibilidad de cerrar sus fronteras cuando lo necesita por razones políticas o económicas, ¿qué hacemos? ¿Nos convertimos en territorio donde se embalsa la presión migratoria de todos los que vienen a buscar el paraíso europeo? Es un riesgo. Y lo malo es que hemos perdido la iniciativa. La han tomado Berlusconi y Sarkozy.
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