Euroescépticos en tronos de toda Europa

Una amplia representación 'ultra' en la UE se opone a su espíritu integrador

El Mundo, JOSÉ CARLOS DE LA POLA, 19-04-2011

Pese a los esfuerzos de Bruselas para garantizar la viabilidad de las políticas comunitarias, el alcance de la crisis continúa azuzando los discursos mezcla de nacionalismo y antieuropeísmo en cualquiera de sus manifestaciones, que propugnan una vuelta a los postulados proteccionistas y cuestionan la oportunidad del espíritu integrador de la Unión con una retórica xenófoba y refractaria al rescate de las economías en riesgo de quiebra.

El desenlace de las elecciones finesas, que pone negro sobre blanco la aceptación de los ultraderechistas en el país nórdico, constituye un claro ejemplo de que los partidos proclives a defender los intereses nacionales frente a los comunitarios consiguen un amplio respaldo ciudadano y pescan buena parte de sus votos en el caladero de las fuerzas tradicionales, que aún hoy siguen apostando por la integración y la cesión de ciertos ámbitos de soberanía estatal.

Pero el auge de los anti no sólo se ciñe a Finlandia, sino que se extiende a lo largo del continente y afecta a una multitud de países, Los Demócratas de la vecina Suecia, por ejemplo, de corte nacionalista y de extrema derecha, rebasaron en los comicios del año pasado el umbral del 4% necesario si se quiere obtener representación parlamentaria en el país nórdico, a la vez que consiguieron incrementar en un 26% el volumen de su afiliación.

En el caso de Holanda, que también celebró elecciones en el año 2010, el Partido de la Libertad de Geert Wilders, antieuropeísta confeso, xenófobo y deseoso de prohibir el Corán, se destapó con un espectacular avance y se convirtió en la tercera fuerza política del país, con lo que confirmó su nivel de calado, dado que también cuenta con una amplia representación en el Parlamento Europeo. Y, en Austria, el carismático Heinz-Christian Strache continúa rechazando todo lo que huela a la Unión Europea.

La extrema derecha francesa, encabezada por Marine Le Pen, se suma igualmente al auge de los partidos populistas y no hace sino empujar al presidente de la República, Nicolas Sarkozy, a radicalizar sus posturas con la intención de contener la sangría de votos que sufren los partidos en el poder. De acuerdo con las proyecciones actuales de cara a los comicios de 2012, Le Pen se beneficiaría de la abstención récord con que el electorado castigaría a la clase política.

La opinión pública germana, por su parte, se muestra renuente a aceptar el liderazgo de la locomotora europea en la puesta en marcha de los mecanismos de rescate. Y aunque la canciller Angela Merkel sigue endureciendo las contrapartidas exigidas a las economías asistidas, no consigue evitar el castigo de una ciudadanía cansada de prestar ayuda financiera a países con una menor presión fiscal y, al mismo tiempo, profundos agujeros en las cuentas públicas.

En otro de los bastiones de la vieja Europa, el Reino Unido, ya no sorprende tanto el influjo de los antieuropeístas, dado que los propios tories que encabezan la coalición de Gobierno decidieron escindirse de los populares en el Parlamento Europeo para intensificar su discurso nacionalista y asociarse, entre otras fuerzas, con los radicales polacos de Kaczynski en el grupo de Conservadores y Reformistas.

En total, en el Europarlamento suman 54 escaños alrededor de un 7,5% de los votos y se consolidan como la quinta fuerza de la cámara comunitaria, que igualmente acoge a una amplia representación de los independentistas ingleses, como parte de la séptima fuerza, Europa de la Libertad y la Democracia.

Liderada por el también británico Nigel Farage, azote del presidente permanente del Consejo Herman Van Rompuy, esta formación defiende la plena independencia de los estados miembros y reclama todo tipo de reivindicaciones de corte soberanista, rechazando la misma idea de Unión.

A ella pertenecen asimismo diputados italianos, de la Liga Norte, griegos o franceses y el representante del partido de los Verdaderos Finlandeses.

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